domingo, 16 de agosto de 2009

La División Panzer VIII


Lo primero, dar la bienvenida a ? y a Carlos, los nuevos seguidores de la bitácora, así como las gracias a los que llevan aquí desde el principio. Lo segundo, vamos a terminar hoy con el análisis de las tropas acorazadas germanas antes de pasar en los próximos artículos a terrenos menos trillados de la SGM.

La situación a principios de 1945

La fracasada ofensiva germana en las Ardenas suele ser considerada como el último gran ataque el Tercer Reich en la guerra, lo que dista mucho de ser cierto. Los alemanes nunca volverían a lanzar un ataque de tal magnitud en el oeste, donde los aliados tardaron mes y medio en recuperar el terreno perdido tras al inicio del avance germano en diciembre, pero en el este la situación era harina de otro costal. A mediados de enero de 1945, los soviéticos lanzan su penúltimo gran ataque, dirigido está vez contra el propio territorio alemán. Una gran masa de blindados -algunos historiadores apuntan la cifra de 8000 tanques- acompañados por unos tres millones de hombres, arrollan por completo las líneas de la Wehrmacht en el Vístula. Las vanguardias de Zhukov llegan al Oder el último día de Enero. Es decir, en menos de tres semanas, el Ejército Rojo había avanzado aproximadamente desde un extremo a otro de la actual Polonia. En la zona sur del frente, tras semanas de intensos combates, los rusos concluyen la toma de Budapest el 13 de febrero. Solo en el norte, a lo largo de las costas del Báltico, los alemanes consiguen detener provisionalmente el avance del Ejército Rojo. En el resto del frente, la Wehrmacht literalmente se desmorona. En este contexto, los germanos reúnen sus últimas fuerzas acorazadas y se lanzan nuevamente al ataque contra los rusos, no en una sino en dos ocasiones. Ambas ofensivas son poco conocidas ya que en ningún caso estuvieron cerca de cambiar la situación crítica en la que se encontraban sumidas las tropas del Tercer Reich. A pesar de ello no deben pasarse por alto ya que, en términos numéricos, fueron similares al ataque sobre las Ardenas.

Stargard: “Operación Solsticio”

El primero de los ataques se realizó por indicación de Guderian quién, tras la debacle de 1944, había sido puesto al frente del OKH (Alto Mando del Ejército de Tierra). La ofensiva tiene lugar el 16 de febrero en las cercanías de la localidad de Stargard y se denominó Operación Solsticio. En ella emplearon los alemanes alrededor de 1200 carros de combate. El objetivo de la maniobra era mantener abierto el contacto con las fuerzas germanas que aún resistían a los rusos en Pomerania lo que, al menos durante un tiempo, se consiguió. Los carros de combate alemanes que participaron en la ofensiva se repartían entre las divisiones, o más bien los restos de ellas, acorazadas y de panzergranaderos de la Wehrmacht y de las SS que aún estaban en condiciones de combatir. Entre ellas podemos citar las Divisiones Panzer 4ª y 7ª, la 10 División de las SS “Frundsberg” y las divisiones de panzergranaderos de las SS 4ª “Polizei”, 11ª “Nordland” y 23ª “Nederland”. El caos en el que se encontraban sumidas las formaciones germanas en 1945 hace que la estructura y composición de las unidades que todavía contaban con elementos acorazados en esta época sean difíciles de estudiar. No obstante, la cifra de 1200 blindados es la que da el historiador británico Anthony Beevor, por lo que el prestigio de la fuente me hace considerar dicha cifra como adecuada. Asimismo, citaremos la conclusión a la que este historiador llega:

“Lo único positivo que puede decirse de la ofensiva es que sirvió para ganar tiempo. El Kremlin se convenció de la imposibilidad de llevar a cabo un rápido ataque a Berlín hasta que se asegurase el control del litoral Pomerano”

Hungría: la operación “Renacimiento Primaveral”

Tras la caída de Budapest, el Ejército Alemán pierde los últimos yacimientos petrolíferos que todavía se encontraban bajo su control: los pozos húngaros situados en los alrededores del Lago Balatón. Hitler decide quemar sus últimas naves y lanzar a las mejores tropas de las SS a una ofensiva en Hungría, con el objeto de hacer retroceder a los rusos y recuperar los pozos petrolíferos. El VI Ejército Panzer de las SS, tras su mala actuación en las Ardenas, es trasladado a la zona y posicionado a lo largo de la línea del frente. Ochocientos carros de combate de las divisiones Leibstandarte, Das Reich, Hitlerjugend y Hohenstaufen se lanzan al ataque el día 6 de marzo y logran avanzar en algunas zonas unos 40 km. Otras divisiones de las SS (la Wiking y la Totenkopf) que ya se hallaban en el área participaron también en operaciones auxiliares y de apoyo. No obstante, a pesar de los esfuerzos germanos, los soviéticos se reagrupan con rapidez y, una vez superado el golpe inicial, pasarán nuevamente a la ofensiva tan solo diez días después.

Estos dos ataques señalan el fin de la capacidad ofensiva germana. Desde ese momento, la Wehrmacht no será capaz de montar ningún contragolpe digno de tal nombre. En la última semana de marzo la situación se torna definitivamente insostenible. En el oeste, los aliados inician el cruce del Rin y, una vez superados los primeros obstáculos, avanzan hacia el interior de Alemania sin encontrar oposición ya que las tropas germanas, en su mayor parte, se rinden en masa. En el Ostfront, aún cuando la situación es más desesperada, la Wehrmacht ofrece una resistencia tenaz ante los soviéticos. Los alemanes son conscientes de que las atrocidades cometidas por el régimen nazi en el este son incomparablemente superiores a las que tuvieron lugar en el oeste y que, por ello, las represalias rusas serán mucho más temibles que las de los angloamericanos. En esta situación, las rendiciones son menos frecuentes y, cuando se producen, suelen tener lugar tras cruentos combates. Varios centenares de carros germanos -los últimos restos de la Panzerwaffe- dispersados entre las tropas de diferentes armas, seguirán apoyando la caótica resistencia que los soldados alemanes ofrecieron a a las victoriosas tropas del Ejército Rojo hasta el final. A pesar de ello, Viena, Berlin y Praga caerán entre abril y mayo, marcando así el final del Tercer Reich.

Conclusión

Llegamos aquí al final de esta serie de artículos en los que he expuesto mi visión particular sobre las divisiones acorazadas germanas. Volvamos ahora sobre las preguntas que nos hacíamos al inicio. La referente al número ya ha sido aclarada: fueron apenas una treintena las divisiones de este tipo. Esta cifra se eleva a unas cuarenta si consideramos también a las divisiones panzer de las SS. Sea cual sea el cálculo, llegamos a la conclusión de que nunca representaron más del 20% del total de las divisiones de las fuerzas armadas del Reich. Las otras dos preguntas que formulábamos al principio son algo más complicadas y, a pesar de que confió en haber esbozado una contestación a lo largo de estas páginas, sus respuestas quedan a juicio de cada uno. ¿Qué eran las divisiones Panzer? Podemos concluir que fueron una de las herramientas bélicas mejor concebidas de su tiempo. La raíz del éxito de las mismas esta precisamente en su concepción, no en los panzer en sí. Los alemanes, partiendo de los estudios de Guderian, desarrollaron una teoría del empleo del arma acorazada, caracterizada por la concentración y el empleo en masa de los carros, que estaba muy por delante de la de sus enemigos. Utilizaban las divisiones acorazadas como puntas de lanza, como núcleo esencial de su Blitzkrieg, y subordinaban el resto de unidades a las mismas. ¿Eran realmente tan superiores? La concepción de las divisiones panzer como núcleo esencial de una doctrina bélica exitosa, la guerra relámpago, era lo que las hacia superiores a las unidades acorazadas de sus enemigos, y no el hecho de que sus carros fueran mejores que los tanques británicos, franceses, americanos o soviéticos.

Los polacos no tenían una arma acorazada verdaderamente desarrollada como tal en 1939, pero los aliados occidentales sí que disponían de la misma en 1940. De hecho, cuando los alemanes lanzaron su ofensiva general en ese año, los francobritánicos disponían de más soldados y más carros de combate -e incluso de mejor calidad en algunos casos- que los germanos, pero no les sirvieron de nada. Dispersaron su fuerza acorazada entre sus divisiones de infantería, impidiendo de este modo que sus tanques operasen con efectividad. De igual modo, los soviéticos dispersaron sus miles de carros a lo largo de todo el frente en 1941, lo que facilitó la profunda penetración alemana que llegó a los arrabales de Moscú. En África, Rommel, mediante el empleo audaz de un puñado de fuerzas blindadas cronicamente mal abastecidas, tuvo en jaque a fuerzas británicas numéricamente superiores durante más de un año. En definitiva, la Panzerwaffe estuvo, con algunas excepciones como la conquista de Noruega, a la cabeza todas las extraordinarias victorias del Reich durante el periodo 1939-41. No obstante, tras estrellarse ante Moscú, su suerte empieza a caer en picado. ¿Por qué?

La Blitzkrieg era una manera de hacer la guerra que estaba condicionada en gran medida por la situación geográfica y económica de Alemania. Este país, a diferencia de Gran Bretaña o Francia, quienes tenían a su disposición el respaldo de sus grandes imperios coloniales, o de la URSS, la cual disponía en sus extensos territorios de unas materias primas casi infinitas, no poseía más recursos que los que existían en su relativamente poco extenso suelo patrio. Su industria era poderosa, pero dependía de los suministros de materiales que llegaban del exterior. Los estrategas germanos conocían que ese suministro llegaría a su fin una vez que estallase la guerra debido a que su país se encontraría prácticamente rodeado por potenciales enemigos – Francia, Checoslovaquia y Polonia - y a que el Reino Unido, gracias a su dominio del mar, impondría un estricto bloqueo naval al Reich. Por ello, cualquier campaña bélica iniciada por los alemanes habría de ser concluida con rapidez. Se debía impedir que el conflicto se perpetuase provocando que, una vez que los aliados hiciesen uso de todos sus recursos, Alemania cayese victima del agotamiento por falta precisamente de los mismos.

Una vez que los germanos no tumbaron a los soviéticos ni en 1941 ni en 1942, se vio que la Alemania nazi no podía poner fin al conflicto con una rápida victoria. Se atribuye a Napoleón el dicho “no se debe pelear muy a menudo con un mismo enemigo o, de lo contrario, le acabaras enseñando todo lo que sabes del arte de la guerra”. Algo parecido fue lo que sucedió a la Wehrmacht, en general, y a la Panzerwaffe, en particular. Los rusos sufrieron amargas derrotas a manos de los germanos en los primeros meses del conflicto pero, a partir de finales de 1942, una vez que le tomaron la medida a la maquinaria de guerra nazi, se dispusieron a darle la vuelta a la tortilla. Sus superiores reservas humanas y materiales son puestas a disposición del esfuerzo de guerra, lo que se traduce en un incremento extraordinario de su producción bélica. Al mismo tiempo que el Reich comenzaba a tener dificultades para reponer los blindados destruidos en el campo de batalla, la industria soviética empieza a entregar a su ejército más tanques de los que pierde en combate. Estos carros salen continuamente de las fábricas de la URSS para ser encuadrados en grandes formaciones de tanques que, al modo alemán, se empiezan a utilizar en magnas batallas buscando el derrumbamiento del frente enemigo. Kursk en 1943, Bielorrusia en 1944 o Polonia en 1945 serán el escenario de las grandes ofensivas soviéticas en las que el Ejército Rojo hará gala de la pericia adquirida en el manejo de estas formaciones.

En el otro extremo del globo, los aliados no desarrollaron una teoría propia del empleo a gran escala de las fuerzas acorazadas, y tampoco aprendieron el arte del oficio de sus enemigos germanos tal y como hicieron los soviéticos. Por contra, desde finales de 1942 utilizaron su extraordinaria potencia aérea para desarbolar las formaciones de carros que los alemanes empleaban, evitando en lo posible el choque directo entre sus unidades acorazadas y las del enemigo. Dado que la Luftwaffe fue paulatinamente barrida de los cielos por la RAF y la USAAF, no hubo necesidad de modificar este planteamiento en las operaciones que los angloamericanos emprendieron contra el Tercer Reich hasta el final de la guerra.

En definitiva, las divisiones acorazadas fueron una herramienta esencial de la Blitzkrieg en el periodo que va desde 1939 hasta 1941. Esto no se debió a que sus carros fueran mejores ni a que fueran muchos, sino a que eran utilizados de la manera adecuada en un contexto adecuado. Por contra, una vez que los ejércitos alemanes son detenidos en 1942, la Blitkrieg toca a su fin y, con con el fin de la guerra relámpago, desapareció el escenario adecuado para el empleo de las divisiones panzer. Si a la desaparición de la situación propicia para el empleo de estas formaciones unimos el hecho antes mencionado de que los soviéticos y los aliados desarrollaron paulatinamente técnicas para enfrentarse a las tropas acorazadas, tendremos las dos causas esenciales de la merma en la efectividad de las mismas a partir de 1943.

Y, aparte de reiterar mi agradecimiento a todos los que han aguantado pacientemente hasta aquí, nada más por ahora. En los próximos días publicaré la bibliografía utilizada para la elaboración de esta serie de artículos y de todo el blog. Con ella salvaguardaremos los derechos de autor, y servirá como guía para quien desee acceder a más información.

domingo, 9 de agosto de 2009

La División Panzer VII


El Frente del Este en el verano de 1944

En el mismo momento en que la Wehrmacht se batía el cobre con los aliados en los campos de batalla de Normandía, el destino de la Alemania nazi iba a quedar sellado miles de kilómetros más al este, en las llanuras bielorrusas. Allí, el Ejército Rojo se disponía a lanzar la ofensiva más importante de la guerra: la Operación Bagratión, haciéndola coincidir con el tercer aniversario de Barbarroja. En ella, los soviéticos iban a aniquilar al Grupo de Ejércitos Centro alemán, desmontando por completo el sistema defensivo germano en el Este. Los enfrentamientos que tuvieron lugar a consecuencia de esta ofensiva fueron mucho más violentos que los que acontecieron en Normandía, pero suelen ser menos conocidos. Los alemanes desplegaban en el Este muchos más efectivos -como mínimo, el doble- que los que desplegaban en Normandía. A pesar de ello, mientras que en Normandía las tropas germanas consiguieron contener durante dos meses a los aliados, en la Operación Bagratión los rusos arrollaron desde el primer momento a las fuerzas del Tercer Reich, llevando a la máquina de guerra de Hitler a lo que parecía ser un punto de no retorno.

Entre las fuerzas panzer de la Wehrmacht que intentaban reducir el alcance del desastre en el Este se encontraban la 1ªDivision Acorazada, la 3ª, la 4ª, la 5ª, la 6ª, la 7ª, la 8ª, la 12ª, la 13ª, la 14ª, la 16ª, la 17ª, la 19ª, la 20ª, la 23ª, la 24ª, la 25ª.

Además, se encontraban en el Este varias unidades acorazadas de las SS entre las que se destacaban la 3ª División SS “Totenkopf” y 5ª División SS “Wiking”.

A primera vista se observa que, si bien es cierto que el porcentaje de fuerzas alemanas en el Oeste era reducido en comparación con las que había en el Este, en el caso particular de las fuerzas acorazadas los porcentajes se aproximaban.

En cuanto al panorama general, a finales de verano la situación era extraordinariamente buena para los aliados y los soviéticos, al tiempo que aparentaba ser desoladora para los germanos. En los campos de batalla del oeste la Wehrmacht perdió en el verano de 1944 alrededor de 400.000 hombres. En el Este perdió el doble. En cuanto a los carros de combate, ya hemos visto en la entrada anterior cual era el estado de las divisiones acorazadas germanas al concluir la campaña de Normandía. En el Este resulta más difícil calcular las perdidas, pero es factible que no fueran menos de 3.000 los tanques germanos destruidos por los el Ejército Rojo en su avance. Tanto los soviéticos como los aliados asumían que los alemanes habían llegado al colapso. Las bajas sufridas en el verano de 1944 venían a sumarse a los millones de alemanes caídos desde el inicio de la guerra, en su inmensa mayoría en el este. Las fuerzas blindadas habían sufrido un castigo inmisericorde a manos de los carros rusos y de la aviación angloamericana. La población civil germana se hallaba sometida a constantes bombardeos aliados en los que las victimas se contaban por millares. En definitiva, parecía evidente que la resistencia del Reich no podía prolongarse mucho. Citemos el análisis que el historiador Norman Davies hace de la situación existente en agosto de 1944:

“Desde febrero de 1943 en Stalingrado, el frente central había ido avanzando a saltos. El ritmo medio del avance era de 5,3 kilómetros al día. A ese ritmo, con 592 kilómetros por delante y contando con que el frente alemán no sufriera ningún hundimiento, Rokossovski llegaría a Berlín el 11 de diciembre”.

La situación general en el otoño de 1944

A pesar de las apariencias, la maquinaria germana todavía no había dicho su última palabra. Las cifras de producción seguían incrementándose gracias a los programas de Speer y las últimas levas consiguieron reclutar varios centenares de miles de nuevos soldados que, si bien carecían de la experiencia de los veteranos de la Wehrmacht, en ocasiones consiguieron tapar los huecos existentes en el frente alemán. Del lado contrario, los grandes avances soviéticos y aliados habían alargado demasiado las lineas de suministro de sus ejércitos, lo que los dejaba expuestos a posibles contraataques.

Como consecuencia de los factores mencionados, finalmente en agosto los germanos -apoyados por fuertes formaciones blindadas entre las que se encontraban la división Hermann Göring, las divisiones de las SS Totenkopf y Wiking y la división de panzergranaderos Grossdeutschland- consiguen detener a los soviéticos en el Vístula. En septiembre, las fuerzas alemanas consiguen asimismo estabilizar el frente occidental. La Wehrmacht logra frenar a los aliados aproximadamente en la frontera franco-alemana y, a pesar de perder Bélgica, consigue mantener en su poder la mayor parte de los Países Bajos. Los angloamericanos lanzaran una operación aerotransportada en septiembre para intentar tomar por sorpresa a los alemanes en Arnhem, en la zona norte del frente, pero los germanos pararan en seco este intento por reanudar la ofensiva.

A consecuencia de estos éxitos germanos, los frentes van a atravesar una relativa estabilidad en el otoño de 1944, y la Wehrmacht conseguirá mantener a sus enemigos fuera del territorio del Reich. Los soviéticos modificaran su línea de avance y, en lugar de lanzarse hacia Prusia Oriental, dirigen sus tropas contra los aliados de los alemanes en el sureste europeo, tomando Rumanía y Bulgaria. Por su parte, los angloamericanos efectuaron un alto en sus actividades para darse la oportunidad de reorganizar sus tropas. Este periodo será aprovechado por los germanos para reunir lo que aún les quedaba de capacidad ofensiva y lanzarse nuevamente al ataque.

Volvamos momentáneamente a 1943. En aquel momento Guderian había indicado que era preferible reservar y reforzar las formaciones blindadas en ese año con vistas a poder realizar operaciones de gran estilo en 1944. A pesar de esta recomendación, el Führer se lanzó a la ofensiva en Kursk, imposibilitando de este modo una reorganización efectiva de las fuerzas panzer en 1943. A esto hay que añadir el hecho de que, a diferencia de lo aconsejado por Guderian, las unidades acorazadas siguieron empleándose constantemente en el frente, por lo que nunca se pudieron formar grandes reservas de estas tropas. En descargo de Hitler y del estado mayor germano hay que decir que, ya en 1943, la situación era tan crítica que hubiese sido difícil retirar las tropas acorazadas del frente para formar reservas operativas en la retaguardia sin provocar automáticamente crisis en los sectores de los que se retiraran estas formaciones.

Con todo, se intentó nuevamente llevar a cabo una reorganización de las tropas panzer tras las derrotas del verano de 1944 con el fin de dotar a estas nuevamente de capacidad de ataque. Las divisiones acorazadas pasaron a estar compuestas por 4 regimientos: un regimiento acorazado, dos regimientos de panzergranaderos y un regimiento de artillería. La modificación sustancial radicaba en el hecho de que el regimiento acorazado estaba compuesto por dos batallones, uno de los cuales pasaba a estar íntegramente formado por carros Panther, mientras que el otro estaba equipado con las últimas versiones del Panzer IV. Es necesario mencionar que los Panther, a estas alturas de la contienda, habían pulido los fallos que padecíeron durante los primeros compases de su vida y se habían transformado en uno de los mejores carros de combate de la guerra, superiores tanto a los T-34 soviéticos como a cualquier blindado que los aliados pudiesen poner en el campo de batalla en ese momento. Cada batallon tenía nominalmente entre 76 y 94 tanques, si bien esa cifra no se solía alcanzar en la realidad. Se reforzaba asimismo la defensa antiaérea de las divisiones panzer, dotándolas de piezas blindadas armadas con cañones antiaéreos montados sobre chasis de carros de combate. Por último, se mejoraban las posibilidades de defensa antitanque de las divisiones acorazadas, ya que se dotaba a los panzergranaderos de las mismas de dos compañías de cazacarros (Panzerjäger) formadas por 14 vehículos de este tipo montados sobre chasis de Panzer IV.

Esta reorganización no alcanzó por igual a todas las divisiones acorazadas pero, junto al hecho de que seguían saliendo de las cadenas de montaje de Speer miles de carros de combate para reponer, en la medida de lo posible, las dramáticas pérdidas experimentadas por los ejércitos alemanes, proporcionó a la tambaleante Wehrmacht la oportunidad de lanzarse nuevamente a la ofensiva.

La Contraofensiva de las Ardenas

Se ha dado en criticar mucho este movimiento estratégico de Hitler. En ocasiones leemos que no debería haber pasado a la ofensiva teniendo en cuenta el precario estado de sus fuerzas armadas, y generalmente también se afirma que debería haber prestado más atención al Ostfront, en lugar de lanzarse a una aventura occidente. Ambas afirmaciones son ciertas, pero asimismo matizables y, en la actualidad, muchos historiadores también destacan los puntos fuertes de esta decisión:

-Tras las derrotas del verano de 1944, era necesario dar un golpe sobre la mesa y demostrar que Alemania no había perdido la guerra, insuflando de este modo algo de moral a sus alicaídas tropas.
-Las tropas aliadas, dispersas a lo largo del frente situado en la frontera francoalemana, se encontraban mal abastecidas debido los grandes avances que habían efectuado por todo el territorio francés.
-El Ejército Rojo gozaba de una superioridad tal que las tropas acumuladas para la Ofensiva de las Ardenas apenas se hubiesen hecho notar en el frente del Este, ya que no hubiesen alterado el equilibrio -más bien desequilibrio- de fuerzas, que en aquellos momentos ya estaba drástica e irremisiblemente inclinado a favor de los soviéticos.
-Las tropas concentradas para la Ofensiva de las Ardenas, en caso de haberse dispersado a lo largo del frente occidental, hubiesen sido previsiblemente arrolladas en cuanto los aliados hubiesen estado en disposición de lanzarse ellos mismos a la ofensiva.
-El mal tiempo previsto para la segunda mitad de diciembre de 1944 impediría que los angloamericanos utilizasen su extraordinaria potencia aérea para dificultar las operaciones germanas.
-Finalmente, el que fue considerado objetivo principal de la Contraofensiva de las Ardenas, la ciudad de Amberes, se hallaba a unos 200 km de las líneas alemanas. Alcanzar esta localidad hubiese supuesto un éxito estratégico de extraordinaria importancia dado que los germanos habrían conseguido privar a los aliados de un puerto vital y habrían copado un gran número de divisiones aliadas. En el este, un avance de 200 km apenas hubiese bastado para conquistar alguna ciudad soviética de mediana importancia, ciudad que hubiese podido ser reconquistada por el Ejército Rojo en pocas semanas.

Los factores indicados fueron los que impulsaron a los alemanes a lanzarse a la ofensiva en el frente occidental, para la que se emplearon las siguientes fuerzas acorazadas:

-la 2ª División Acorazada, la 9ª, la 116ª y la Lehr, agrupadas en el V Ejército Panzer al mando de von Manteuffel
-la 1ª División Acorazada de las SS “Leibstandarte”, la 2ª “Das Reich”, la 9ª “Frundsberg”, la 10ª “Hohenstaufen” y la 12ª “Hitlerjugend”, englobadas en el VI Ejército Panzer de las SS al mando de Josef Dietrich.

En estos ejércitos acorazados se incluían varias divisiones de infantería, y a las tropas destinadas a la ofensiva se les unió el VII Ejército comandado por Brandenberger, formado únicamente por divisiones de este arma.
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Ya hemos indicado con anterioridad como las fuerzas de tierra alemanas eran (y en el periodo final de la guerra seguían siendo) un ejército principalmente de infantería. En el invierno de 1944-45, de los aproximadamente tres centenares de divisiones que los alemanes desplegaban en Europa, dos centenares eran de infantería y solo 35 eran acorazadas. A estas habría que añadir 18 divisiones de panzergranaderos. El resto eran formaciones de diferentes tipos: montaña, caballería, etc. En cuanto al reparto de divisiones por cada frente, unas 150 se encontraban en el este, unas 80 se localizaban en el oeste, una treintena en Italia, y el resto se hallaban en los distintos teatros de operaciones en los que aún combatían los ejércitos germanos: Noruega, el norte de los Balcanes...

En definitiva, el reparto de fuerzas global era similar al existente en los años anteriores. Sin embargo, a pesar de ser cierto que las variaciones cuantitativas no eran excesivas, también hay que tener en cuenta que las variaciones cualitativas no pueden menospreciarse. Ya hemos visto como las tropas acorazadas pasaron por una reorganización tras el verano de 1944. Lo que no hemos mencionado todavía es la reestructuración que atravesó asimismo la infantería. Este arma, debido a las grandes pérdidas sufridas en las derrotas del verano de 1944, las cuales conllevaron una acuciante escasez de efectivos, tuvo que adoptar una estructura que le permitiese ahorrar hombres. La reorganización tuvo como consecuencia la creación de las divisiones de Volksgrenadier (que no han de confundirse con la milicia Volkssturm) cuyas características principales eran las siguientes:

-Estaban formadas por 6 batallones de infantería en lugar de 9, con la consiguiente disminución de sus efectivos.
-Se sustituía en gran parte el fuego de fusil por el de subfusil, en un intento por dotar a la infantería de mayor capacidad defensiva.

Parte de las divisiones de infantería fue transformada en divisiones de Volksgrenadiers. Estas cumplieron con su papel de manera bastante adecuada en las batallas defensivas a las que tuvo que hacer frente Alemania en los últimos meses de la guerra, pero no estaban preparadas para llevar a cabo operaciones ofensivas de gran calado y, por ello, sufrieron fuertes bajas en las operaciones de este tipo -como la llevada a cabo en las Ardenas- en las que tuvieron que participar.

Y ya tratando específicamente de las divisiones panzer empleadas en las Ardenas, hemos de decir que eran formaciones considerablemente potentes, pero que no solían alcanzar los 150 o 200 blindados que sobre el papel deberían haber tenido de acuerdo a la última reorganización. Lo que sí se logró fue que el Panther pasase a ser la columna vertebral de estas unidades, compensando de este modo la falta de carros de combate en cada división con una mejor calidad de los mismos. Por lo general las divisiones acorazadas constaban de un centenar de blindados, de los que la mitad eran del tipo Panther y el resto eran Panzer IV y cañones de asalto StuG III. También solían tener en sus filas una puñado de cazacarros Jagdpanzer IV.

Por último, en lo que respecta al desarrollo de la batalla, los tres ejércitos alemanes se distribuyeron a lo largo de la frontera germano-belga y germano-luxemburguesa. El VI Ejército Panzer de las SS en el norte, el V Ejército Panzer en el centro, y el VII Ejército en el Sur. Entre los dos primeros sumaban aproximadamente un millar de blindados. El último no tenía fuerzas acorazadas. El ataque comenzó el 16 de diciembre y pilló por sorpresa a los americanos, quienes no consideraban posible que los vapuleados alemanes se lanzasen a la ofensiva. Durante los primeros días los avances se desarrollaron con éxito, pero con demasiada lentitud. El clima era malo, lo que impidió que las fuerzas aéreas aliadas apoyasen adecuadamente a sus tropas de tierra, pero el tiempo corría en contra de los germanos, ya que las malas condiciones climatológicas no iban durar siempre. Por otro lado, las formaciones acorazadas germanas tenían que hacer frente a otra dificultad: su critica falta de combustible; que les obligaba, cual ejército medieval, a alimentarse sobre el terreno capturando las reservas de gasolina que dejaban atrás los estadounidenses en su huida. A estas dificultades hay que añadir el hecho de que la calidad de las divisiones germanas era considerablemente inferior a la que tenían en los primeros años de la guerra. La capacidad bélica del soldado medio alemán seguía siendo por lo general superior a la de cualquiera de sus enemigos, pero esa superioridad ya no era tan apabullante como la que existía en los primeros años del conflicto. La sangría que la guerra estaba suponiendo para el Reich hacía tiempo que estaba pasando factura a sus unidades en forma de una merma en su calidad. Por contra, los americanos habían mejorado mucho desde la desastrosa experiencia de Kasserine, siendo capaces de presentar resistencia a las divisiones acorazadas alemanas en circunstancias que, menos de un par de años antes, la habrían hecho imposible.

Como consecuencia de lo anterior, la ofensiva alemana se paralizó en una semana, en cuanto el tiempo mejoró y los aliados se sobrepusieron de la sorpresa y trasladaron fuerzas de otros frentes que anularon la superioridad local que había logrado la Wehrmacht. En ese momento, la batalla degeneró en un enfrentamiento de desgaste en el que los germanos no tenían nada que ganar, pero en el que siguieron empeñados de acuerdo a las ordenes de Hitler y del OKW. Las pérdidas germanas se estiman en torno a los 800 blindados, aunque también hay investigadores que reducen esta cifra. La perspectiva anglocentrica predominante en los historiadores suele presentar la operación como la última gran maniobra alemana de envergadura y la derrota posterior como un golpe decisivo. Ambas conclusiones hay que estudiarlas cuidadosamente antes de aceptarlas sin más ya que, si bien la derrota fue un duro golpe para los germanos, no es cierto que la Ofensiva de las Ardenas fuese la última operación de importancia de la Wehrmacht. Por el contrario, la agonizante Alemania nazi todavía tendría tiempo para volverse contra la marea soviética que, en pocas semanas, se iba a tragar la totalidad de las provincias orientales del Tercer Reich.

domingo, 2 de agosto de 2009

La División Panzer VI


Panorama general tras la Batalla de Kursk.

Durante el verano de 1943, las fuerzas armadas alemanas pasan a la defensiva en todos los frentes. Sus ejércitos se tambalean tanto en el este, donde la Unión Soviética consigue hacer retroceder a toda el ala sur germana y tomar Kiev en noviembre de 1943; como en el mediterráneo, donde las tropas angloamericanas toman Sicilia en agosto y desembarcan en la península italiana en septiembre. El papel de las fuerzas acorazadas en estos hechos fue reducido. Mermadas tras la batalla de Kursk, las divisiones panzer alemanas fueron dispersadas por los diferentes teatros de operaciones con el objeto de reforzar las debilitadas defensas de la Wehrmacht.

Divisiones Panzer en Italia.

Italia vino a ocupar el lugar del teatro norteafricano en las prioridades del Reich. No fue el centro de su atención, pero desvió a la zona considerables fuerzas que contuvieron a los angloamericanos en una serie de combates defensivos a lo largo de todo el país transalpino. Varias unidades acorazadas fueron desplegadas en aquella área. Destacan las siguientes:

-La 16ª, destruida en Stalingrado y reconstituida en 1943. Contaba con 92 Panzer IV y 40 cañones de asalto, además de con varios carros de mando y 7 tanques lanzallamas
-La 24ª, destruida en Stalingrado y reconstituida en 1943, contaba con 49 Panzer IV, 42 cañones de asalto, varios carros de mando y 14 tanques lanzallamas
-La 26ª, considerablemente más débil que las anteriores, ya que gran parte de sus carros fueron trasladados al frente del Este. Estaba formada por 16 Panzer III, 53 Panzer IV, varios carros de mando y 14 tanques lanzallamas

Vemos como, a finales de 1943, el Panzer III prácticamente había desaparecido de las divisiones acorazadas germanas y el Panzer IV pasaba a ocupar el papel de espina dorsal de estas unidades. Podemos comprobar también como las formaciones acorazadas seguían teniendo de media poco más de un centenar de blindados. Además, se observa como los cañones de asalto aparecen en gran número y comienzan a ocupar un lugar antes reservado a los tanques. Estos cañones eran piezas de asalto montadas sobre los chasis de los diferentes modelos de Panzer utilizados por la Wehrmacht. El más conocido de todos, el StuG III, estaba montado sobre el chasis de un Panzer III. Estos vehículos estaban dotados de cañones de gran calibre (por lo general 75 mm o superior) y ofrecían a las divisiones panzer una potencia de fuego que ya no podían proporcionar los modelos de carros de combate anteriores al Panzer IV. Los StuG fueron ampliamente utilizados por los alemanes, sobre todo en la segunda mitad del conflicto. Eran menos versátiles que los carros de combate, ya que no estaban dotados de torreta giratoria; pero su producción era más rápida y barata que la de los tanques, dado que hacían gala de una menor complejidad mecánica. En general, eran ingenios mejor preparado para labores defensivas que para operaciones ofensivas.

Además de las divisiones panzer de la Wehrmacht antes indicadas, se desplegaron en el frente transalpino las divisiones de panzergranaderos de las SS Leibstandarte Adolf Hitler (1ª) y Reichsführer. (16ª). No estaban bien equipadas, ya que la Reichsführer todavía atravesaba su periodo de formación y la Leibstandarte había dejado la mayor parte de sus blindados en el Frente del Este. Por ello, no jugaron un papel destacado en la campaña italiana, pero si se ganaron -o, mejor dicho, consolidaron- una lamentable reputación por su crueldad en la lucha antipartisana y por las atrocidades cometidas contra la población civil.

Las divisiones panzer de la Wehrmacht colaboraron con el resto de unidades del ejército, frenando el avance aliado por la península italiana hasta extremos desesperanzadores. Como resultado de la tenaz defensa germana, cuando los rusos entraron en Berlín, los angloamericanos no habían podido todavía romper las ultimas posiciones germanas en el norte de Italia.

La segunda mitad de 1943 en la URSS.

Tras el fracaso de Kursk, las unidades blindadas alemanas -en su mayor parte- permanecieron en el este, repartidas entre el resto de las divisiones del Heer e intentando infructuosamente frenar el arrollador avance soviético. En ocasiones las formaciones de carros obtuvieron éxitos puntuales, pero no fueron más que pequeños oasis en la abrumadora marea roja que no había hecho más que comenzar.

El Frente Ruso continuó siendo la principal preocupación de la Wehrmacht y el campo de batalla donde esta concentró la mayor parte de sus esfuerzos. En la segunda mitad de 1943, estaban desplegadas en la zona las siguientes divisiones acorazadas.

-la 2ª,la 3ª,la 4ª,la 5ª,la 6ª, la 7ª, la 8ª, la 9ª, la 11ª, la 12ª, la 13ª, la 14ª -destruida en Stalingrado, reconstituida y enviada al Este en noviembre de 1943-, la 16ª -enviada desde Italia a Rusia en diciembre de 1943-, la 17ª, la 19ª,la 20ª,la 23ª,la 24ª -enviada desde Italia a la URSS en noviembre de 1943- y la 25ª -enviada desde Noruega y Francia a la URSS en noviembre de 1943-.

Además, las SS también tenían desplegadas en la zona, salvo a la Leibstandarte, a sus mejores divisiones. Así, en el Frente del Este también se encontraban las divisiones de las SS Das Reich, Totenkopf y Wiking, entre otras.
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El problema aparece a la hora de traducir las unidades a cifras de carros de combate efectivos, ya que las cantidades de tanques de cada división son muy difíciles de calcular. Las divisiones permanecían en combate durante periodos muy prolongados, donde sus blindados eran constantemente diezmados por las continuadas ofensivas soviéticas. A modo de ejemplo, la 14ª, que se tuvo que reconstituir tras ser aniquilada en Stalingrado, contaba con 49 Panzer IV, 44 StuG, una decena de carros de mando y 7 carros lanzallamas. Pero es necesario decir que las cantidades de carros entre las diferentes divisiones variaban considerablemente de una a otra.

A pesar de los esfuerzos de la Wehrmacht, la serie de ofensivas iniciadas por los soviéticos en el verano de 1943 iba a dar sus frutos casi inmediatamente. El centro de gravedad en 1943 estaba localizado en la zona central y sur del frente germano-soviético, y contra este sector dirigió el Ejército Rojo sus esfuerzos con el objetivo de desalojar a las fuerzas alemanas del territorio ucraniano. El ataque soviético comenzó inmediatamente tras frenar a los germano en Kursk, y se desarrolló sin pausas hasta el final de año. Orel, Briansk, Smolensk, Gomel, Jarkov, Melitopol, Dnepropetrovsk y, finalmente, Kiev, caerían en manos del Ejército Rojo en la segunda mitad de 1943. El OKH se mostró incapaz de formar una línea de frente efectiva que frenase los avances rusos que, además, no tenían visos de disminuir. Los soviéticos estaban llevando a los alemanes al colapso, entre otras cosas gracias al buen uso que habían comenzado a hacer de sus poderosas fuerzas acorazadas.

1944

El año comenzó mal para los alemanes en el Frente del Este. En el sur, el Ejército Rojo continuó con la liberación de Ucrania y, en mayo de 1944, había expulsado a los alemanes del territorio soviético en esta república, lanzándolos a tierras rumanas. En el norte, las tropas soviéticas lanzaron una ofensiva que, si bien no consiguió los extraordinarios avances de centenares de kilómetros que estaban protagonizando sus camaradas en el sur, si logró levantar definitivamente el asedio de Leningrado a primeros de año, dejando el frente preparado para lo que iba a ser la batalla más decisiva de la Segunda Guerra Mundial: la Operación Bagratión.

En el teatro de operaciones italiano, las cosas habían variado poco. Los angloamericanos continuaban tenazmente su avance hacia el norte y los alemanes persistían en su no menos tenaz defensa. Esto provocó que la campaña se desarrollase con extrema lentitud. No obstante, a pesar de los esfuerzos germanos por detener a los aliados, Roma cayó en poder de estos en junio de 1944.

En 1944 iba a aparecer otro factor de peso en la contienda: el esperado segundo frente. Los aliados tenían previsto desembarcar a lo largo del año en territorio galo, y los alemanes -a grandes rasgos- conocían estas intenciones. Para ello, comenzaron a situar en Francia un número considerable de tropas (aunque reducido si lo comparamos con el número de formaciones que los germanos movilizaban en el frente oriental) entre las que se encontraban varias divisiones panzer, algunas de nueva creación. No obstante, es preciso señalar que el Frente Ruso seguía siendo el teatro de operaciones al que la Wehrmacht destinaba la mayor parte de sus recursos: en números redondos, 60 divisiones en el oeste frente a 165 en el este. Entre las divisiones acorazadas destinadas en el oeste se hallaban las ultimas divisiones panzer creadas por la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial: la División Panzer 116ª y la División Panzer Lehr (130ª). Estas formaciones eran realmente poderosas:

-La 116ª tenia alrededor de 160 tanques, la mitad Panzer IV y la otra mitad Panther. Tenía además 6 Panzer III y 8 carros antiaéreos.
-La Lehr contaba con más de doscientos tanques, de los cuales un centenar eran Panzer IV, 90 eran Panther, y el resto -una treintena de blindados- eran Stug, Tiger y carros antiaéreos.

Se puede observar como los Panther, una vez solucionados los problemas iniciales, empezaban a jugar un papel destacado en las divisiones acorazadas germanas. Hacía el final de la guerra se habían producido más de 5.000 carros de este tipo. De este modo se intentó, y se logró en ocasiones, que el 50% de los carros de cada división acorazada en el último año de la contienda fueran del tipo Panther. Los Tiger, de los que se produjo un numero considerablemente inferior (alrededor de 1800 entre los modelos I y II), por lo general se destinaron a los batallones de carros pesados que operaban independientemente de las divisiones y se enviaban a los teatros de operaciones en función de las necesidades del momento.

Echemos un vistazo general a las divisiones acorazadas que tenían los alemanes en el oeste:

-La 2ª, la 9ª, la 11ª, la 21ª, la 116ª y la Lehr, por parte de la Wehrmacht
-La 1ª “Leibstandarte Adolf Hitler”, La 2ª “Das Reich”, la 12ª “Hitlerjugend” por parte de las SS

En el plano táctico-operativo, las tropas acorazadas combatieron bien contra los aliados a los que obligaron a avanzar con extraordinaria lentitud. En el plano organizativo, las tropas acorazadas padecieron una serie de taras que añadieron muchas complicaciones a su ya dificil misión:

-El mando de las unidades acorazadas estaba demasiado dividido, dando lugar a un despliegue no adecuado para hacer frente a la embestida angloamericana.
-Von Rundstedt era el comandante general para la zona oeste y, en teoría, tenía el mando de todas las tropas en ese teatro de operaciones.
-Rommel, comandante del Grupo de Ejércitos B, estaba bajo las ordenes de Rundstedt y solo tenía autoridad sobre las divisiones acorazadas 2ª, 21ª y 116ª.
-Las divisiones 1ª y 12ª de las SS junto con la Lehr estaban al mando de Geyr von Schweppenburg, y formaban la reserva móvil del OKW, sobre la que ni Rundstedt Rommel tenían capacidad de decisión.
-El despliegue de las tropas acorazadas fue el resultado de un compromiso entre las ideas de Rommel, que defendía que los tanques debían desplegarse lo más cerca posible de las playas para estar dispuestos, aunque fuera en pequeño número, a hacer frente al desembarco desde el primer minuto; y las de Guderian, que sostenía que el empleo exitoso de las divisiones panzer exigía que se agrupasen todos los carros en formaciones potentes para lanzarlas contra los aliados en el momento en que se conociese el punto crucial del desembarco. El alto mando germano, llegó a una solución que no suponía la aceptación completa de ninguna de las dos posturas. Otorgó a Rommel el mando sobre las divisiones antes mencionadas, pero dejó completamente fuera de su control las formaciones blinadas de Schweppenburg, quien tuvo que organizar una reserva acorazada con mucha menos fuerza de la que, de acuerdo con las ideas de Guderian -y las del propio Schweppenburg-, se exigía para lograr el éxito.

Llegados a este punto, hemos de detenernos un momento. El despliegue de las fuerzas acorazadas en Normandía ha sido y es objeto de un acalorado debate entre los interesados en la Segunda Guerra Mundial. Hoy es fácil dar la razón a Rommel, quien pensaba que las fuerzas acorazadas debían desplegarse cerca de las playas para hacer luchar contra los aliados en cuanto estos pusiesen en pie en tierra. Con todo, hay que puntualizar que cualquier opción tenía sus ventajas y sus inconvenientes. Las divisiones dispersadas y localizadas cerca de las costas hubiesen permitido hacer frente a los angloamericanos nada más que estos desembarcasen, cierto; pero también es cierto que los blindados hubiesen estado sometidos al fuego de los buques de la flota de desembarco, fuego que hubiese podido causarles graves bajas. Además, es necesario hacer referencia a que los alemanes no sabían donde se iba a producir el asalto anfibio angloamericano. Es decir, las fuerzas panzer se hubiesen tenido que repartir en pequeños grupos y diseminar a los largo de los posibles lugares de desembarco, limitando de este modo su efectividad. Todo pertenece al terreno de la especulación y, del mismo modo que es posible que las fuerzas acorazadas desplegadas de esta forma en la costa hubiesen podido empujar a los aliados al mar inmediatamente después de que llegasen al continente; también es posible que hubiesen sufrido fuertes bajas en los primeros días debido a la artillería de los buques aliados consiguiendo simplemente victorias locales que no alterasen el panorama en su conjunto.

Si se hubiesen agrupado todas las fuerzas panzer en reservas operativas móviles a retaguardia de la línea costera, se habría dado a los aliados mucha facilidad para efectuar el desembarco, ya que estos no habrían tenido que enfrentarse a tropas blindadas. A pesar de ello, los defensores de esta teoría sostienen que una vez que los angloamericanos hubiesen desembarcado a sus tropas dejando claro cual era el punto principal de la invasión, los alemanes podrían haberse lanzado sobre ellos con sus grandes reservas acorazadas, causándoles una derrota decisiva. Desde el punto de vista teórico, es aceptable esta suposición. No obstante, desde el punto de vista practico, es necesario hacer referencia a la extraordinaria potencia aérea aliada que, unida a la ausencia casi total de la Luftwaffe, dificultaba sobremanera las maniobras de grandes grupos de blindados. Es presumible que este factor habría privado a las eventuales reservas panzer germanas de su principal función: la consecución de una victoria decisiva.

Tanto las ideas de Rommel como las de Guderian eran consecuencia de sus respectiva carreras. Rommel había estado combatiendo a los británicos en el norte de África hasta el año 1943 y era plenamente consciente de lo que la potencia aérea aliada podía causar a las fuerzas de tierra alemanas cada vez más carentes de cobertura aérea. Por ello veía el fraccionamiento y la aproximación a las playas como un modo de desplegar alguna fuerza acorazada, por pequeña que fuese, en un lugar próximo a la invasión, cualquiera que este fuese. Guderian, el padre de las tropas panzer, seguía fiel a sus ideas de concentración ("Haces daño con tu puño, no con tus dedos") y golpes decisivos ("¡Troncos, no astillas!") que le habían guiado desde el principio. No concebía el uso de las fuerzas blindadas de forma fraccionada, ya que así se reducía su fuerza y se limitaba su capacidad para obtener resultados definitivos en una batalla. Estas ideas, impecables desde el punto de vista teórico, eran difícilmente adaptables al campo de batalla de Francia en el año 1944, donde la Luftwaffe brillaba por su ausencia y la RAF y la USAAF campaban por sus fueros sin oposición, con lo que indudablemente habrían dificultado sobremanera cualquier operación que implicase una gran concentración de carros de combate.

El despliegue de las fuerzas blindadas en el oeste en 1944 fue, como ya hemos señalado, el resultado de un compromiso que no dejo satisfecho a nadie. No dejó satisfecho a Rommel, ya que solo tenía tres divisiones acorazadas donde él quería, y no dejó satisfechos a Guderian y a von Schweppenburg, quienes no pudieron organizar una reserva panzer del tamaño que ellos consideraban suficiente. El resultado es el que todos conocemos. No hubo fuerzas suficientes para echar a los angloamericanos al mar en los primeras momentos ni tampoco se dispuso de formaciones móviles en grandes cantidades para derrotar a los aliados en batallas decisivas durante las jornadas posteriores. Las fuerzas acorazadas se quemaron en dos meses de lucha contra un enemigo muy superior, quedando completamente destruidas al final de las batallas de Normandía. A modo de ejemplo, a la Das Reich le quedaban 15 carros en agosto, a la 21ª División Panzer 10 carros, a la 116ª doce, a la Liebstandarte y a la 2ª División Panzer no les quedaba ninguno, etc.

Breve conclusión sobre el papel de los Panzer en Normandía

¿Dificultó el “extraño” despliegue de las fuerzas acorazadas su efectividad? Podemos afirmar que sí. ¿Impidió la victoria germana? Esto ya sería mucho afirmar. En aquellos momentos, la superioridad aliada era tan aplastante que es muy posible que los resultados del asalto angloamericano hubieran sido los mismos sin importar el despliegue alemán. Las tropas aliadas estaban bien equipadas, gozaban de una cobertura aérea nunca vista y se enfrentaban a una serie de divisiones que, salvando las divisiones panzer y algunas de panzergranaderos, no eran ciertamente las mejores que tenia el Ejército Alemán. Por ello, una vez que consolidaron las cabezas de playa, el resultado final -la victoria angloamericana- era meramente una cuestión de tiempo. Otra cuestión es: ¿el despliegue sugerido por Rommel hubiese impedido la consolidación de esas cabezas de playa? Podemos afirmar, sin ninguna duda, que... es una buena pregunta.

domingo, 26 de julio de 2009

La División Panzer V


La reorganización de las Fuerzas Acorazadas

Tras la rendición del Sexto Ejército en Stalingrado el 31 de enero de 1943, los acontecimientos se precipitan. El Ejército Rojo continúa avanzando en toda el ala sur del frente mientras la Wehrmacht trata desesperadamente de contenerlo. El día 16 los soviéticos toman la importante ciudad de Jarkov, ya en territorio ucraniano. El día 20 tiene lugar la reunión entre Hitler y Guderian mencionada al final de la entrada anterior. Ese mismo día Manstein inicia una de las acciones más brillantes de la guerra, lanzando una exitosa contraofensiva contra los ejércitos rusos que han estado vapuleando a los alemanes durante dos meses. Pocos días después, el 28 de Febrero de 1943, Guderian es oficialmente nombrado General Inspector de las Tropas Acorazadas e inicia automáticamente los trabajos relacionados con su nuevo cargo. Bajo su tutela quedarán las divisiones acorazadas, los panzergranaderos, la infantería motorizada, las tropas de exploración acorazadas, las tropas de cazadores acorazados y las unidades de piezas de asalto pesadas. Durante las jornadas siguientes se reunirá con diversos personajes relevantes de la jerarquía nazi, como Goebbels y Speer, y de las fuerzas armadas alemanas. El día 9 de marzo, en una conferencia ante Hitler y diversos representantes del OKW, el OKH y la Luftwaffe, el general expone sus puntos de vista sobre lo que debería ser la organización de la Panzerwaffe en 1943 y en 1944. En esencia, las ideas de Guderian eran las siguientes:

Objetivos:

-Estrategia de “ataque con objetivos limitados” en 1943, renuncia a formar nuevas unidades con el objeto de dotar a las unidades de plena capacidad de combate. Guderian estima que esta capacidad plena se logra cuando la división alcanza la cifra de 400 carros.
-Realización de “ataques de gran estilo” en 1944, una vez que se haya alcanzado el suficiente número de formaciones con plena capacidad de combate.

Para lograr estos, el general alemán formula las siguientes propuestas:

-El carro básico ha de ser el Panzer IV. Cada mes se ha de completar una agrupación.
-Mas adelante se podrá organizar un numero limitado de agrupaciones de Panther y Tiger, los nuevos modelos de carros que ya empezaban a salir de las fábricas alemanas.
-Con el objetivo de simplificar la producción, la industria se ha de concentrar en estos tres modelos.
-Se ha de dotar a las nuevas unidades de suficientes instructores y se les ha de otorgar un tiempo suficiente para su instrucción. No han de ser enviadas al frente hasta que concluya la misma.
-Por ello, temporalmente se ha de renunciar a pertrechar los teatros de operaciones con carros de nueva construcción, dejando actuar en ellos a las unidades procedentes de botín.
-No lanzar al ataque a los nuevos modelos Panther y Tiger hasta que no se disponga de un número suficiente de los mismos.
-El empleo continuo de las divisiones acorazadas en operaciones secundarias es un lujo que merma su fuerza. Se deben retirar del frente numerosas divisiones acorazadas para proceder a su recuperación, creando de este modo reservas móviles.
-La defensa contracarro sera misión de las piezas de asalto. La artillería de asalto debe quedar subordinada al general inspector.

Guderian nos cuenta en sus memorias como, al menos en teoría, todos los puntos fueron aprobados, menos el referente a la subordinación de la artillería de asalto. Todos estaban en contra de la medida y, por ello, Hitler no aprobó dicha propuesta. A pesar de esto, Guderian sostiene que las medidas aprobadas fueron “desbaratadas y dificultadas en su ejecución” posteriormente. Sea cual sea la causa, lo cierto es que la mayor parte de las medidas sugeridas por el general germano no se pusieron en práctica.

Entretanto, Manstein culmina su ofensiva retomando Jarkov el 14 de Marzo. De este modo, la Wehrmacht consigue equilibrar ligeramente la situación en la URSS tras los desastres de los meses precedentes. Poco después, la llegada del deshielo da a ambos bandos la oportunidad de reagruparse y reforzarse con vistas a la campaña de verano de 1943. Esta pausa permite a los alemanes reorganizar sus exhaustas fuerzas acorazadas. No obstante, antes de echar un vistazo a las divisiones panzer germanas en el frente del este en 1943, volvamos momentáneamente al teatro africano.

Una derrota anunciada

El Panzerarmee Afrika de Rommel venia retirándose desde el otoño de 1942, tras su derrota en el Alamein. Crónicamente cortos de suministros, los restos de las fuerzas del Eje en África no eran rival para las bien aprovisionadas tropas británicas comandadas por Montgomery. A los problemas de los italoalemanes vino a sumarse el desembarco anglonorteamericano en África Occidental en noviembre de 1942. Las tropas desembarcadas comenzaron a dirigirse hacía Túnez, con el objetivo de cercar allí a las fueras del Eje que retrocedían frente a los ingleses.

En esta situación, Las tropas de Rommel llegaron a la línea Mareth, ya en territorio tunecino, en febrero de 1943. En esta época, cuando la derrota alemana era ya inevitable, por fin el alto mando germano se decidió a enviar refuerzos abundantes a la zona. En lo que respecta a las tropas acorazadas, se envió al teatro africano la 10ª División Acorazada y los Batallones 501º y 503º de Blindados Pesados, que en aquellos momentos de la guerra estaban compuestos de manera mixta por carros Panzer III y Tiger. Anteriormente, algunas unidades de ese carro -muy pocas- habían sido lanzadas al combate en Rusia de manera experimental. Pero fue en África donde se emplearon con la intención de cambiar el sombrío panorama que se avecinaba para las fuerzas del Eje en la zona. No lo consiguieron.

A pesar del envió de refuerzos, el alto mando germano no puso todas las tropas bajo mando de Rommel. La mayor parte de los refuerzos enviados al teatro de operaciones africano consistía en el 5º Ejército, el cual estaba comandado por el general von Arnim. Este situó sus tropas en el norte, en torno a Túnez, en tanto que Rommel colocaba a sus Afrikaners en el sur, cerca de la línea defensiva de Mareth. Los alemanes decidieron entonces lanzarse sobre los estadounidenses a los que consideraban más inexpertos que los británicos y, por ello, más fáciles de vencer. A mediados de Febrero, Von Arnim se lanza por el norte sobre Sidi Bou Zid y Rommel hace lo propio por el sur sobre Kasserine, cogiendo en un primer momento a las bisoñas tropas americanas desprevenidas e inflingiendoles una severa derrota. A pesar de la notable descoordinación que existió entre los dos generales alemanes, los Panzers germanos volvieron a cosechar un éxito táctico que, pese a su rotundidad, no pudo alterar el escenario estratégico que, a estas alturas de la campaña, era completamente favorable a los aliados. El ataque sobre Kasserine fue el canto del cisne de los alemanes en África. Tras esta batalla, Rommel se lanzó sobre las posiciones británicas en Mareth, solo para cosechar una de las derrotas más amargas de su carrera. Poco después abandonaba el continente africano para no volver jamás. El mando de las tropas del Eje fue entregado a von Arnim, quién no pudo evitar el colapso de los ejércitos italoalemanes en Túnez, los cuales se acabarían rindiendo en mayo de 1943. En lo que respecta a las tropas acorazadas, las tres divisiones panzer germanas desaparecieron del mapa. las 21ª se volvería a formar en Francia es mismo año. La 15ª reaparecería también, pero como división de panzergranaderos. La 10ª no se volvería a constituir en toda la guerra.

En aquella época, la atención de Hitler se encontraba muy lejos. Concretamente en el sector central del frente del Este, donde una pequeña ciudad de Rusia estaba a punto de convertirse en el escenario de la mayor batalla de carros de combate de la Historia.

Kursk

En paralelo al desmoronamiento del Eje en África, los alemanes estaban reagrupando sus fuerzas para lanzarse a una gran ofensiva en el este. Las fuerzas panzer sufrieron una nueva reorganización, que eliminó de las divisiones acorazadas la mayor parte de los blindados ligeros, salvo unas pocas unidades del modelo Panzer II, los cuales se siguieron utilizando sobre todo en misiones de exploración. Al mismo tiempo, el Panzer III iba cediendo su posición de preeminencia al más armado y mejor blindado Panzer IV. En el año 1943, de acuerdo a las instrucciones de Guderian, no se formaron nuevas divisiones acorazadas en la Wehrmacht.

Hitler se decidió a atacar el saliente que las contraofensivas invernales de Manstein habían dejado en el frente ruso: el saliente de Kursk. La ofensiva recibió el nombre de “Operación Ciudadela”, y para llevarla a cabo el alto mando alemán reunió el máximo número de tropas acorazadas que pudo conseguir. Estas incluían, entre otras:

-siete divisiones acorazadas de la Wehrmacht: la 2ª, la 6ª, la 7ª, la 9ª, la 18ª, la 19ª y la 20ª.
-tres divisiones de Panzergranaderos de las SS, La Leibstandarte, la Das Reich y la Totenkopf, agrupadas en el II cuerpo acorazado de las SS.
-ademas, a varias divisiones acorazadas como la 4ª o la 5ª se les asignaron misiones de apoyo y participaron, más o menos directamente, en la ofensiva.

Las divisiones blindadas de las SS, sobre todo tras su intervención en la toma de Jarkov en 1943, iban a adquirir paulatinamente mayor importancia que las de la Wehrmacht en el conjunto de la maquinaria bélica germana. En los últimos años de la guerra, diversas divisiones de las Waffen SS serían reformadas como divisiones panzer. Además, desde mediados de 1943 en adelante, la fuerza de las divisiones acorazadas de las SS iba a ir en constante aumento. Por contra, sus equivalentes en la Wehrmacht verían disminuir cada vez mas sus ya menguados recursos.

No vamos a detenernos aquí en si el hecho de lanzarse a la ofensiva en Kursk fue un error o no, ya que no es el propósito de este análisis. Lo que sí vamos a realizar, tal y como venimos haciendo en los artículos precedentes, es una breve referencia a la composición de las divisiones acorazadas que participaron en la ofensiva.

Los alemanes lograron reunir alrededor de 2700 carros de combate, la mayor parte de los mismos encuadrados en las divisiones antes mencionadas. Es difícil ofrecer un panorama general, ya que los números varían demasiado de una división a otra. Por poner un ejemplo, la 2ª División acorazada contaba con unos 125 tanques y 60 eran Panzer IV. Por otro lado, la 18ª tenía en sus filas unos 60 blindados, de los cuales solo 24 eran del modelo IV. En general, nos acercamos bastante a la realidad si sostenemos que las divisiones acorazadas de la Wehrmacht tenían de media algo más de un centenar de carros y que en torno al 40-50% de los mismos eran Panzer IV.

Las cifras de las divisiones de las SS son más difíciles de analizar. Los números varían mucho de unas fuentes a otras. El historiador británico Gordon Williamson afirma que el Segundo Cuerpo Acorazado de las SS tenia 600 tanques justo antes de la Batalla de Projorovka el 12 de julio, esto es, una semana después del inicio de “Ciudadela”. Si tomamos esta cantidad como correcta, y teniendo en cuenta además que es de suponer que las tres divisiones de las SS que formaban este cuerpo acorazado hubiesen perdido ya parte de los blindados con los que contasen al inicio de la ofensiva, sería factible deducir que las unidades de las SS eran, como mínimo, el doble de potentes que sus contrapartes de la Wehrmacht. No obstante, también existen fuentes que consideran estas cifras como notablemente exageradas.

Durante la Operación Ciudadela, los alemanes pusieron en acción contingentes considerables de los nuevos tipos de carros de combate que salían de sus fábricas. De los blindados empleados por los alemanes en Kursk, algo más del 10% eran unidades de los novedosos modelos Panther y Tiger. Desafortunadamente para la Wehrmacht, para estos tanques todavía no se habían solucionado los fallos que toda nueva arma muestra en los primeros compases de su existencia. En otras palabras, estaban todavía “en rodaje”. Aproximadamente 300 Panther, descritos por Guderian como “nuestros hijos enfermizos”, fueron lanzados a la batalla sin que se hubiese dado el tiempo suficiente para corregir diversos errores en su suspensión y en sus sistemas de tiro. La falta de rodaje del que luego sería uno de los mejores carros de combate de la Segunda Guerra Mundial hizo que sus bajas fueran excesivas. Según el historiador español David Solar, una semana después del inicio de la ofensiva solo seguían en pie 16. Muchas pérdidas se debieron a fallos mecánicos propios y no a daños producidos por el enemigo. El papel de los Tiger, empleados en número considerablemente menor, fue más esperanzador. Su cañón de 88 mm era capaz de destrozar todo lo que se le ponía por delante, y su blindaje frontal era impenetrable para los cañones de los T-34 rusos. El centenar de carros de este modelo utilizados en el ataque sobre Kursk tuvo, a pesar de sufrir también numerosos fallos asimismo achacables en gran medida a su juventud, un papel bastante destacado en los enfrentamientos en los que tomaron parte. Estos nuevos tanques se agruparon en destacamentos o compañías que se adhirieron a las divisiones acorazadas. Por ejemplo, cada división del II Cuerpo Panzer de las SS tenía una compañía de Tiger I formada por 15 carros de este tipo.

A pesar de la concentración masiva de carros de combate y del empleo de los nuevos ingenios acorazados, la Wehrmacht no consiguió superar la formidable barrera defensiva que los soviéticos, informados de las intenciones germanas por sus servicios de inteligencia, habían situado en torno a Kursk. El Ejército Rojo desplegó alrededor de 3000 carros de combate en la zona. Las cifras de pérdidas, tanto las alemanas como las soviéticas, son difícilmente contrastables. Podemos estimar, y solo estimar, que los germanos perdieron un millar de tanques, y los rusos un número considerablemente superior. Durante el combate en Projorovka, en el momento esencial de la ofensiva, 600 carros germanos y 850 soviéticos, encuadrados en el 5º Ejército de Tanques de Guardias, quedaron a distancia de tiro unos de otros y se destriparon mutuamente. Aproximadamente la mitad de ellos fueron destruidos durante la batalla. Los alemanes perdieron menos blindados que sus enemigos, pero no consiguieron que estos cedieran. Las tropas rusas contuvieron tenazmente la ofensiva germana y además, aun sufriendo mayores pérdidas que sus oponentes, tenían mayores reservas disponibles y pasaron automáticamente al ataque. La Wehrmacht, por el contrario, nunca recuperaría la iniciativa, ni en esta batalla en particular, ni en todo el Frente del Este en lo que quedaba de guerra. Citando nuevamente a Guderian:

“Por el fracaso de la Operación Ciudadela habíamos sufrido una derrota decisiva. Aquellas fuerzas acorazadas reconstituidas y reorganizadas a costa de tantos trabajos quedaron incapaces para actuar a consecuencia de las graves pérdidas en hombres y material. Su recuperación en tiempo apropiado para la defensa del frente oriental, y sobre todo para la defensa en la primavera próxima contra el desembarco de los aliados en el frente occidental, era dudosa. Era comprensible que los rusos se aprovechasen de su éxito. El frente oriental no tuvo descanso en lo sucesivo. La iniciativa había pasado finalmente a manos del adversario”

Alemania se había jugado el todo por el todo en el este y había salido derrotada. El Tercer Reich nunca más pudo lograr una concentración de blindados como la de la Operación Ciudadela. Por contra, el Ejército Rojo en pocos meses se había recuperado de sus pérdidas y conseguiría poner en combate grandes masas de fuerzas acorazadas todavía más impresionantes que la de Kursk en los años siguientes.

domingo, 19 de julio de 2009

La División Panzer IV


Lamento la tardanza en volver a escribir, pero desafortunadamente por cuestiones laborales no me es posible publicar entradas al ritmo que me gustaría. Así que, muchas gracias por la paciencia y vamos al asunto...

Panzers en África

No hemos hecho referencia hasta el momento al papel de las fuerzas acorazadas germanas en África. Ello es debido a que la importancia del teatro africano, si tenemos en cuenta el número de tropas empleado, no puede sino calificarse de secundaria. No obstante, si conviene hacer un breve inciso para ocuparnos de la situación de las divisiones panzer alemanas en este terreno. Ya hemos indicado como a finales de 1941 la situación se había deteriorado extraordinariamente para el Tercer Reich. El centenar y medio de divisiones que mantenía la Wehrmacht en la URSS había sido detenido y las tropas germanas luchaban desesperadamente por su supervivencia frente a los soviéticos. Tampoco marchaban bien las cosas en el continente africano. Aquí, Rommel había lanzado una serie de rápidas operaciones a lo largo de 1941, pero los italoalemanes se habían visto obligados a volver a su punto de partida en Libia a finales de año. Durante las campañas africanas las formaciones acorazadas alemanas en aquella zona, principalmente las divisiones 15ª y 21ª, demostraron una vez más su extraordinaria capacidad para el combate. No obstante, a pesar de ser cierto que permitieron a Rommel mantener la iniciativa durante prolongados periodos de tiempo contra enemigos notablemente superiores en número, también es cierto que estas dos divisiones, en el conjunto de los ejércitos alemanes, representaban un porcentaje muy pequeño de su fuerza acorazada. Por ello, en este análisis general sobre la Panzerwaffe del Tercer Reich relegaremos a las tropas del teatro africano a un segundo plano. No obstante, sí citaremos las cifras de carros con las que contaban estas divisiones al formarse: 45 Panzer II, 70 Panzer III y 20 Panzer IV, además de unos 10 blindados de mando y transmisiones. La 21ª Acorazada contaba además con 25 pequeños Panzer I. Es decir, las divisiones eran bastante potentes, pero el número total de carros desplegado en África era drásticamente inferior al desplegado en Rusia. Nuevamente las cifras variaran según las fuentes, pero podemos afirmar que los tanques germanos en el continente africano en 1941 serían alrededor del 10% de los lanzados contra la URSS.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que las intenciones germanas sobre África eran muy distintas a las que tenían sobre Rusia. En el teatro africano, los estrategas alemanes confiaban en que las escasas fuerzas de Rommel sirviesen a los italianos para evitar los descalabros que les estaban provocando los británicos. En la URSS, por el contrario, los alemanes se lanzaron con una abrumadora cantidad de fuerzas sobre un enemigo al que confiaban destruir en unos meses. Se equivocaron en ambos casos. La ágil conducción de las operaciones en el desierto por parte de Rommel hizo que, con un numero de tropas muy modesto, el Afrika Korps desarrollase una estrategia muy agresiva en África durante los años 1941 y 1942, en combinación con sus aliados italianos. En el Frente del Este, un número mucho mayor de tropas no fue capaz de poner fuera de combate al Ejército Rojo, a pesar de los demoledores golpes que le proporcionó durante esos años.

La 15ª y la 21ª seguirían en África hasta la expulsión del Eje de este continente, pero antes sufrirían la derrota del Alamein en octubre de 1942. En vísperas de esta batalla estaban compuestas por 14 Panzer II, 87 Panzer III y 18 Panzer IV cada una, además de dos carros de mando y transmisiones. La incapacidad del mando italoalemán para aprovisionar de manera adecuada a sus tropas en aquella zona provocó que no pudiesen enfrentarse de manera efectiva a los británicos, comandados por Montgomery, en el enfrentamiento decisivo que tuvo lugar a las puertas de Egipto. La derrota del Alamein unida al desembarco angloamericano en el Oeste de África en noviembre de 1942 provocó el inicio de un largo repliegue de las fuerzas del Eje hasta Túnez, posición de la que no serian desalojadas hasta el año siguiente.

El principio el desastre

A comienzos de 1942, Stalin ordenó una ofensiva general en todo el frente. Hitler respondió prohibiendo cualquier retirada y ordenando a sus ejércitos que resistiesen a cualquier precio. Puede decirse que el dictador soviético cometió el mismo error que había cometido su contraparte germano anteriormente: sobreestimo sus fuerzas y subestimo las del contrario. Las tropas rusas que habían detenido a los alemanes no estaban preparadas aún para lanzarse al ataque. Los suministros seguían siendo escasos y a la oficialidad soviética todavía le faltaban muchos meses para recuperare de los efectos de las purgas stalinanas. Estos factores reducían considerablemente la capacidad del Ejército Rojo para efectuar ofensivas a gran escala. Los combates degeneraron en escaramuzas locales durante las siguientes semanas y, en primavera, los ejércitos alemanes consiguieron detener a sus oponentes. El Ejército Soviético había logrado hacer retroceder considerablemente a la Wehrmacht, principalmente en el sector del Grupo de Ejércitos Centro alemán, pero no pudo lograr una ruptura del frente.

En lo que se refiere a las tropas acorazadas, la situación era extraordinariamente delicada. Los fracasos en la toma de Moscú y la posterior contraofensiva soviética habían dejado a los efectivos de las divisiones panzer reducidos hasta extremos impensables un año antes. En lo que respecta a nuevas formaciones, 1942 vio nacer a cuatro nuevas divisiones acorazadas, 24ª, 25ª, 26ª y 27ª. La única que llegó a tiempo de participar en la ofensiva sobre el sur de Rusia en ese año fue la 24ª. La dotación inicial de esta división era la siguiente: 32 Panzer II, 90 Panzer III y 32 Panzer IV, además de 7 carros de mando y transmisiones. El resto de unidades se formó demasiado tarde para tomar parte en los acontecimientos de 1942. La 27ª de hecho no llego prácticamente a tener historial de combate, ya que se constituyó en octubre de 1942 y se disolvió en febrero de 1943.

Es decir, a efectos prácticos, con anterioridad a la campaña de verano de 1942 la Wehrmacht contaba con una sola división panzer más que en los meses anteriores. A este escaso incremento nominal de la Panzerwaffe, se une el hecho de que la fuerza real de las divisiones acorazadas ya existentes era muy inferior a la que habían tenido apenas un año antes. Nuevamente tenemos que acudir a las cifras. Los Grupos de Ejércitos A y B, los cuales sostuvieron la mayor parte de la campaña alemana de 1942 en Rusia, tenían ocho divisiones acorazadas: la 3ª, la 9ª, la 11ª, la 13ª, la 14ª, la 16ª, la 23ª y la 24ª. Ya conocemos los efectivos de la 24ª. Los del resto de las formaciones seguían la siguiente pauta:

-divisiones 3ª a 11ª: entre 25 y 50 panzer II, aproximadamente un centenar de Panzer III y unos 20 o 25 Panzer IV
-divisiones 13ª a 16ª: entre 10 y 15 Panzer II, unos 60 a 75 Panzer III y unos 20 Panzer IV
-división 23ª: 27 Panzer II, 84 Panzer III y 17 Panzer IV

A estos números hay que añadir unos 5 o 10 carros de mando y transmisiones por división.
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Vemos como la mitad de las divisiones acorazadas alcanzaban aproximadamente los 150 carros, pero la otra mitad apenas superaba el centenar. Sí se había conseguido que el carro principal pasase a ser el Panzer III, dejando los modelos más pequeños en un segundo término, pero el número de Panzer IV por división seguía siendo considerablemente reducido.

La Producción de Carros de Combate

La fuerza de las divisiones panzer no involucradas en el Fall Blau (la ofensiva de verano de 1942 en el sur de la URSS) era, por lo general, inferior a la de las que sí participaron en esta operación. Es decir, la reducción en la fuerza total de las divisiones acorazadas germanas era más que evidente. En definitiva, la contraofensiva del Ejército Rojo no solo había logrado rechazar a las tropas germanas, sino que también consiguió mermar sus fuerzas acorazadas de un modo drástico. Hasta ese momento, la industria del Reich había sido capaz de compensar las pérdidas en combate con tanques nuevos de un modo notablemente bueno. Por el contrario, las derrotas sufridas en el invierno de 1941-42 supusieron una dura prueba para Alemania, que perdía material de guerra a un ritmo superior al que podía reemplazarlo. La muerte del ministro de armamento del Reich, Fritz Todt, en febrero de 1942 provocó la llegada de Albert Speer a ese puesto. Los métodos utilizados por Speer, entre los que se encontraba la masiva utilización de mano de obra esclava y la dispersión de las industrias, lograron que la producción de guerra alemana creciera exponencialmente, lo que permitió a la Wehrmacht reponerse con notable eficacia de las cada vez mayores debacles que sufría en el campo de batalla. No obstante, si bien la producción bélica germana consiguió que sus ejércitos siguiesen en pie contra viento y marea en los últimos años de la guerra, también es cierto que no logró que estos pudiesen recuperar la iniciativa estratégica después de 1942. En particular, la producción de tanques evolucionó del siguiente modo (según cifras del historiador britanico Norman Davies):

Año - Tanques producidos
1939 - 247
1940 - 1643
1941 - 3790
1942 - 6180
1943 - 12063
1944 - 19002
1945 - 3932

Sorprende el hecho de que Alemania fuese capaz de producir tantos tanques en el último año y medio de guerra como en todo el periodo que va desde 1939 a 1943, y sorprende más si cabe teniendo en cuenta que en los últimos años del conflicto el Tercer Reich se encontraba constantemente sometido a martilleantes bombardeos de las fuerzas aéreas británicas y estadounidenses. Conviene recordar además que varios de los tanques producidos en 1944-45 eran del modelo Panther (45 toneladas de peso) y Tiger I y II (55-65 toneladas) que eran muy superiores a los carros más pequeños producidos en los primeros años de la guerra, los cuales tenían un peso muy inferior. El único carro de combate que se produjo desde el principio hasta el final de la conflagración, con unas cifras en constante aumento y siendo continuamente mejorado, fue el Panzer IV (25 toneladas).

A pesar del extraordinario aumento de la producción bélica alemana, nos vemos obligados a hacer una consideración: la Blitzkrieg germana estaba herida de muerte tras el fracaso de Barbarroja. ¿Por qué? Porque la Wehrmacht era como un herido perdiendo más sangre que la que se le inyectaba por medio de transfusiones. Las campañas de Polonia, Francia y los Balcanes fueron conducidas con sobresaliente maestría, concluidas con extraordinaria rapidez y llevadas a cabo incurriendo en pérdidas mínimas. Estas pérdidas siempre fueron repuestas con facilidad -o al menos sin muchas complicaciones- por la industria bélica alemana una vez concluidos los combates. Tras el fracaso en Rusia, la situación cambia por completo. Jugando con la ventaja que nos da el hecho de analizar el conflicto siete décadas después, podemos decir que a principios de 1942 era evidente que la guerra contra la Unión Soviética iba para largo. No iba a ser un combate rápido, en el que los daños que sufriesen los ejércitos pudiesen ser reparados en los meses posteriores a la conclusión de las hostilidades. Por el contrario, la guerra con Rusia iba a exigir un constante flujo de suministros bélicos. Es decir, gran parte -de hecho la inmensa mayoría- de la capacidad industrial germana iba a quedar permanente ocupada supliendo las pérdidas que la Wehrmacht sufría frente a los soviéticos.

Al contrario que los alemanes, los soviéticos, una vez que superaron los momentos críticos de 1941-42, iban a ser capaces de producir suministros bélicos a un ritmo superior a sus pérdidas. Si a esto unimos el hecho de que los rusos no estaban comprometidos en otros frentes, el panorama general puede ser resumido por la visión de una balanza que, inclinada de inicio del lado alemán gracias a las victorias de estos en el verano de 1941, se escora paulatinamente -aunque con oscilaciones- del lado soviético en los años 42 y 43, y cae definitivamente del lado de la URSS en la segunda mitad de ese año. Echemos un vistazo las cifras de producción de la Unión Soviética (también según el historiador Norman Davies):

Año - Tanques producidos
1940 - 2794
1941 - 6590
1942 - 24446
1943 - 24089
1944 - 28963
1945 - 15419

El tanque básico soviético era el T-34, un carro espléndido, que estuvo produciéndose con constantes mejoras durante toda la guerra. Pero los rusos, al igual que los alemanes, también incluyeron en sus cadenas de producción tanques mas poderosos y pesados como el IS-2 en los últimos meses del conflicto.

Como viene siendo habitual, las cifras bailan dependiendo del historiador que citemos. Influyen muchos factores. Por ejemplo, en muchos casos depende de lo que entendamos como "tanque". Un cañón autopropulsado como el Stug III es considerado en ocasiones un tanque a efectos de calcular las cifras de producción de estos vehículos, pero en puridad no era un carro de combate. Los soviéticos también tenían extraordinarios cañones contra carro, que en ocasiones se cuentan como tanques, aún sin serlo, a efectos de estimar los números de blindados producidos.

En cualquier caso, sean cuales sean las fuentes, la imagen siempre es la misma: los rusos fueron capaces de exprimir sus capacidades industriales mucho mejor que los alemanes. Esto factor, unido a las mayores reservas humanas y materiales de la URSS, permitió que el alto mando soviético pudiese proporcionar a sus tropas suministros bélicos a un ritmo impactante, lo que permitió al Ejército Rojo lanzarse a ofensivas cada vez más audaces, sin temor a que sus pérdidas en combate fuesen, por lo general, superiores a las germanas, ya que eran plenamente conscientes de que podían sobreponerse a las mismas con mayor rapidez que sus enemigos.

He hecho esta consideración porque creo que merece la pena detenerse en este punto. En muchas ocasiones se hace ver que el momento crítico de la Segunda Guerra Mundial tuvo lugar tras el fracaso de las ofensivas alemanas de 1942 en Stalingrado y, en menor medida, en el Alamein. No obstante, un mero vistazo a las cifras nos indica como la fuerza de las divisiones acorazadas germanas, y en general del resto de las armas del Tercer Reich, había entrado ya en barrena desde hacía varios meses, concretamente tras el fracaso de Barbarroja. Stalingrado no fue sino la consecuencia del cambio en el equilibrio de fuerzas que ya se había puesto en marcha con anterioridad.

Stalingrado

Es de todos conocido el desastre con el que concluyó la ofensiva alemana del 42 en Rusia para las armas del Tercer Reich. La campaña tuvo un inicio esperanzador, dejando para la posteridad el avance de las unidades acorazadas germanas por las estepas rusas en dirección al Don y después al Volga. Varias divisiones se lanzaron hacía las estribaciones caucásicas, llegando incluso a clavar la bandera alemana en el pico más alto de Europa: el monte Elbrus. Pero todo fue efímero. Los soviéticos, a diferencia del año anterior, no se dejaron cercar, sino que se limitaron a retirarse y a esperar el momento oportuno, provocando que los germanos estirasen demasiado sus lineas de suministro. La Wehrmacht no consiguió la victoria definitiva que esperaba. No solo no se conquistaron los pozos petrolíferos del Caucaso, sino que además el VI Ejército Alemán fue borrado del mapa en Stalingrado. La tenaz resistencia rusa en la ciudad de Stalin provocó que los panzers se utilizasen en enfrentamientos urbanos de desgaste para los que no estaban preparados. Los germanos, maestros hasta entonces en las batallas de cerco, se lanzaron a un combate frontal y terminaron copados a orillas del Volga. Esta vez sí, los soviéticos, además de detener a los alemanes, los vencieron en toda regla. Con una cuidadosa operación cercaron y aniquilaron al VI Ejército, rompieron el frente germano y pusieron en peligro de aniquilamiento a toda el ala sur de la Wehrmacht en Rusia.

Los alemanes, en un intento desesperado por salvar la situación, colocan a von Manstein al mando de las unidades que pueden reunir para taponar el hueco que los soviéticos han provocado en sus líneas tras copar a los hombres del VI Ejército. En el último mes del año el mariscal germano dirigirá un intentó por liberar a los cercados que terminará en fracaso.

Las consecuencias para las divisiones panzer.

El año 1942 concluyó con unas divisiones acorazadas germanas atravesando una situación todavía más crítica que la que habían sufrido doce meses antes. Esta es la conclusión que puede desprenderse de las opiniones que Hitler y el OKW tenían al respecto de la situación militar en estas fechas y que, por fortuna, han llegado hasta nosotros gracias al “Servicio Estenográfico de los Cuarteles del Führer”

A finales de 1942, como consecuencia de la crisis de confianza que surgió entre Hitler y sus generales tras el fracaso de la ofensiva sobre Stalingrado y el Caucaso, se creo el mencionado “Servicio Estenográfico”. El dictador pretendía dejar constancia para la posteridad de todas las palabras pronunciadas en las reuniones militares del alto mando de las fuerzas armadas y este servicio era el encargado de “levantar acta” de las conversaciones entre el Führer y sus generales. Desafortunadamente, la mayor parte de esas actas se destruyeron durante los últimos días del Tercer Reich, pero ha llegado hasta nosotros un puñado de fragmentos de gran interés. En particular, en lo que se refiere al tema que aquí nos ocupa, destacaremos algunas frases que nos demuestran lo que eran las divisiones panzer en los últimos días de 1942.

Las siguientes frases están extraidas del libro “Hitler y sus Generales”, de Helmut Heiber.

Reunión del 12 de diciembre de 1942.

Fragmentos de la discusión acerca de las divisiones blindadas que Manstein tiene a su disposición.

Zeitzler: Bueno, entonces la 11ª (División acorazada)
El Führer: Solo dispone de 45 blindados
Zeitzler; hasta ahora tenía 49; han fallado pocos...
El Führer: ¿y cuando ha perdido la 11ª todos esos tanques? Ahí arriba solía disponer de 70 u 80.
Zeitzler: Por lo que yo se llegó aquí con 49
….

El Führer: ¿de cuantos carros dispone la 17ª división acorazada?
Zeitzler: De pocos, también: 58, todos con armamento corto.

El Führer: ..¿cuantos Panzer tiene la 23ª división acorazada?
Zeitzler: 26 Panzer IV de armamento largo y otros 26 Panzer III largos.

En definitiva, vemos como las divisiones acorazadas que Manstein tenia a su disposición contaban con entre 50 y 60 carros de combate. A ojo de buen cubero, ¡habían perdido entre las las mitad y las dos terceras partes de los blindados con los que contaban al inicio de la ofensiva! Se avecinaban tiempos difíciles para los ejércitos germanos en general y para la Panzerwaffe en particular. Por ello, al inicio de 1943, Hitler decidió recurrir al as que todavía le quedaba en la manga, quién cuenta así la experiencia:

“Fui recibido puntualmente, al principio en presencia de Schmundt, pero en seguida en la habitación de trabajo de Hitler y a solas con él. No le había visto desde el sombrío 20 de diciembre de 1941. Había envejecido mucho durante los 14 meses transcurridos. Su paso no era tan seguro como antes, su dicción vacilante, su mano izquierda temblaba. Sobre su mesa de escritorio estaban mis libros. Abrió la entrevista con las palabras: Nuestros caminos se han separado desde 1941. Fue debido a una serie de equivocaciones que sinceramente lamento. Le necesito a usted”. Guderian: Recuerdos de un Soldado.
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Para elaborar las diferentes partes del articulo “División Panzer” estoy utilizando varios libros. Por ello, no se hace referencia al final de las entradas a la fuente principal, tal y como ha venido sucediendo hasta ahora. Una vez que concluya el artículo, publicaré una reseña con todas las obras que se consultan para elaboración de esta bitácora. Confío en que de este modo queden salvaguardados todos los derechos de autor. No obstante, si alguien desea conocer de donde proviene algún dato, agradecería que me lo indique y le señalaré la fuente correspondiente.

Un saludo a todos.

domingo, 28 de junio de 2009

La División Panzer III


El crecimiento de la Panzerwaffe

Después de la caída de Francia, y tras verificarse que el Reino Unido no se avenía a aceptar la paz con el Tercer Reich, el dictador nazi iba a poner su atención donde había estado desde el principio: en la Unión Soviética. Aún subestimando el potencial de los rusos, era palpable para los estrategas germanos que la Wehrmacht necesitaba más efectivos para afrontar con perspectivas de éxito la ofensiva en el Este. Diez divisiones panzer habían demostrado ser suficientes para las campañas contra los polacos y contra los aliados occidentales, pero era evidente que los amplios horizontes del oriente europeo precisaban para su conquista de una fuerza acorazada superior. Por ello, a partir del verano de 1940 comenzaron a constituirse nuevas formaciones blindadas. Como consecuencia de esto Alemania, qué había terminado la campaña del Oeste con diez divisiones acorazadas, iba a tener a su disposición 23 unidades de este tipo al terminar 1941.

Las divisiones acorazadas de la 11ª a la 23ª se constituyeron generalmente basándose en cuadros escindidos de las primeras diez formaciones. Es decir, se extraía un núcleo de veteranos en torno al cuál se “ensamblaban” el resto de los efectivos, que habitualmente procedían del arma de infantería. En lo que respecta al armamento, todas las divisiones acorazadas empezaron a ser equipadas con los Panzer III y IV que tanto habían escaseado en las ofensivas anteriores de la Wehrmacht. El pequeño Panzer I prácticamente desapareció. El Panzer II vio reducido su número y, a medida que se hizo más evidente su debilidad frente a los carros rusos, fue relegado paulatinamente a funciones de reconocimiento. El Panzer III pasó a ocupar el papel preponderante en las divisiones acorazadas y el Panzer IV apareció, por fin, en cantidades considerables. Todas las divisiones se crearon, siguiendo la pauta establecida tras la victoria sobre Polonia, sobre la base de un único regimiento panzer.

Todo lo anterior no debe darnos la impresión engañosa de que la fuerza acorazada alemana creció exponencialmente. ¿Se crearon nuevas formaciones? Sí. ¿Se incrementó el número de carros modernos en esas formaciones? Sí. Sin embargo, el aumento nominal del número de divisiones no debe confundirnos acerca de la fuerza real del arma acorazada germana. ¿Por qué? Porque más formaciones no siempre se traducían en más carros. Por poner un ejemplo, la 14ª División Acorazada estaba compuesta al comenzar la campaña de los Balcanes por los siguientes efectivos: 45 Panzer II, 50 Panzer III y 20 Panzer IV, además de otros vehículos de mando y transmisiones. Es decir, poco más de un centenar de tanques. Al iniciarse la ofensiva sobre la URSS, él número había elevado hasta aproximadamente 150 carros, aumento que se logró incrementando las unidades de Panzer III en la división.

Las cifras de la 14ª Panzer nos pueden servir a modo de orientación para hacernos una idea de lo que realmente erá una división acorazada en el año 1941. Las cifras -como siempre- varían dependiendo de la fuente y, además, las divisiones acorazadas podían tener sus propias particularidades. Por ejemplo, la 12ª Panzer todavía desplegaba en sus filas más de un centenar de carros checos 38t al comienzo de Barbarroja, lo que le convertía en el tanque más numeroso, con mucha diferencia, de la división. No era la única formación que se encontraba en esta situación. El problema radicaba en que los carros checos no eran peores que los modelos I y II germanos, pero sus prestaciones sí estaban considerablemente por debajo de las de los modelos III y IV. Así pues, los números no siempre pueden transmitirnos una idea precisa de la fuerza real de las unidades acorazadas.

Los Panzer en los Balcanes

La Wehrmacht contaba en abril de 1941 con dos centenares de divisiones. De estas, aproximadamente 150 eran de infantería y solo 21 eran acorazadas. El resto eran divisiones motorizadas, de montaña, etc. En la campaña de los Balcanes participarían menos de la mitad de las divisiones panzer disponibles junto con una veintena de divisiones de infantería. Los combates se iniciaron el 6 de abril, cuando el Eje lanzó un ataque sobre Yugoslavia y Grecia. El día 13 el capitán de las la división de las SS Das Reich junto con un grupo de diez voluntarios toma Belgrado en un golpe de mano, y el día 27 los alemanes conquistan Atenas. Una nueva lección de guerra moderna a cargo de los germanos, quienes pondrán el broche final a la campaña con un asalto aerotransportado a la Isla de Creta.

Teniendo en cuenta que estaba vigente el pacto Germano-Soviético de 1939 y que los Británicos no disponían de fuerzas con las que efectuar un asalto a Europa, cualquier enemigo que pudiese tener la Wehrmacht en el continente había desaparecido. El Tercer Reich estaba en la cima de su poder y podía elegir donde descargar su siguiente golpe. Había llegado el momento crucial. Hitler ambicionaba el Lebensraum germánico y, desde sus inicios, no había ocultado que este solo se podía obtener en el Este. Alemania se dispuso a un asalto a cara de perro contra la única potencia europea que todavía podía hacerle sombra. En este iban a jugar un papel esencial sus, hasta el momento todopoderosas, fuerzas blindadas.

La situación de las fuerzas acorazadas antes de Barbarroja

Sobre las cifras del despliegue de fuerzas alemán durante el ataque a la URSS existe un consenso bastante general. La mayor parte de las fuentes coinciden en que en Junio de 1941 Alemania había concentrado tres millones de hombres a lo largo de su frontera con la Unión Soviética. A estos hay que añadir aproximadamente un millón de soldados más del resto de los ejércitos del Eje. En lo referente a los carros de combate, el Tercer Reich ponía en acción 3300 tanques, repartidos en 21 divisiones acorazadas. Por el contrario, sobre las cifras del despliegue soviético no existe un consenso similar. Por citar dos extremos, Chris Bishop (“Orden de Batalla de la Infantería Alemana”) eleva él numero de soldados soviéticos hasta los doce millones, mientras que Norman Davies (“Europa en Guerra 1939-1945”) reduce esta cifra hasta los tres millones. Con los tanques ocurre algo similar. Existen obras que elevan las cifras hasta los 20.000 carros y autores que reducen ese número a menos de la mitad.

Dado que estamos tratando sobre las fuerzas acorazadas, llegados a este punto conviene hacer un pequeño comentario: la cifra total de tanques no refleja la fuerza, ni real ni potencial, del Ejército Rojo. Los militares soviéticos habían desarrollado en la década de los treinta una teoría del empleo de las fuerzas acorazadas que tenía en cuenta su potencia de fuego y su movilidad, defendiendo la concentración de los carros en grandes formaciones, de modo similar a lo que hacían los alemanes con sus divisiones panzer. El desarrollo de esas teorías se atribuye principalmente al mariscal Mijail Tujachevski. Pero los soviéticos no se pararon ahí. Pusieron en práctica esas teorías, a pequeña escala, en diversas ocasiones durante la Guerra Civil Española. Ejemplos de dicha puesta en práctica los encontramos en los ataques de carros soviéticos en el sudoeste de Madrid durante los primeros compases de la batalla por la capital de España. En mayor medida se observa la influencia de dichas doctrinas militares en la Batalla de Guadalajara en 1937, que fue la única ocasión en la que el Ejército Republicano consiguió derrotar, y no solo detener, al Ejército Nacional. El general Dimitri Pavlov, uno de los colaboradores soviéticos más destacados en el Ejercito de la República, tuvo a su mando unidades de tanques durante la Guerra de España y se familiarizó con las modernas doctrinas del empleo de las fuerzas acorazadas. En 1941, Pavlov se encontraba al mando de las tropas del Ejército Rojo que hacían frente al Grupo de Ejércitos Centro, donde se encontraban las poderosas agrupaciones acorazadas alemanas de Guderian. A primera vista podría parecer que era el hombre idóneo para el puesto, pero no era así en absoluto. A su vuelta a la URSS, Pavlov se encontró con que Tujachevski había sido devorado por las purgas stalinianas y que las modernas teorías atribuidas a él se habían tachado de “desviaciones burguesas”. Es decir, en el clima de terror que imperaba en la URSS, nadie podía defender el moderno empleo de fuerzas acorazadas sin arriesgarse a ser capturado por el NKVD y enviado al Gulag. Pavlov, y el resto de los militares soviéticos en general, se resignaron a operar de acuerdo a doctrinas militares radicalmente contrarias a las de Tujachevski, consideradas por el régimen como “proletarias” y, por ello, aceptables. El resultado fue que los tanques rusos, ya fueran diez o veinte mil, resultaron dispersados entre la infantería, limitando así enormemente sus capacidades de hacer frente a las bien entrenadas fuerzas acorazadas germanas. Pavlov escapó a las purgas de los años treinta pero, al no poder frenar el arrollador avance alemán del inicio del verano de 1941, fue fusilado junto con su Estado Mayor el 30 de junio de ese año.

En definitiva, el número exacto de tanques soviéticos en esa fecha no es de una importancia crítica. Lo realmente relevante es que, llegado el momento de enfrentarse a los alemanes, los rusos tampoco desplegaban sus unidades acorazadas de manera independiente, al modo de las divisiones panzer germanas, sino que los separaban entre la infantería, de modo similar a como lo habían hecho los aliados en 1940. Esto contribuyó enormemente al desastre que sufrió el Ejército Rojo durante los primeros meses de Barbarroja.

Operación Barbarroja: el ataque alemán sobre la URSS

Hemos visto como en 1941, y en realidad durante toda la guerra, las divisiones acorazadas suponían un porcentaje pequeño sobre el total del Heer alemán. Esto determinó que el ejército que invadió la URSS el 22 de junio fuese un ejército de infantería, donde las fuerzas motorizadas, incluso contando con las tropas móviles de las Waffen SS que ya empezaban a adquirir una importancia considerable, eran una minoría. Beevor, en su obra "Stalingrado", lo expresa del siguiente modo: “Con la gran mayoría de las divisiones marchando a pie, era improbable que la velocidad total de avance fuera mucho más rápida que la de la Grande Armée en 1812”.

A pesar de ello, a la ruptura de las hostilidades siguió un periodo ininterrumpido de victorias germanas. Las divisiones panzer utilizadas como puntas de lanza del ataque alemán cercaron en numerosas ocasiones grandes cantidades de tropas soviéticas. La infantería tenía que forzar enormemente el paso para seguir, en lo posible, a las tropas acorazadas y terminar con las agrupaciones de soldados rusos que quedaban rodeadas por los avances germanos. Las Batallas de copo de Smolensko y Kiev en agosto y septiembre de 1941 son buenos ejemplos de este proceder. Las fulminantes victorias del verano de 1941 confirmaron la opinión que tenía el alto mando del Reich, y también los servicios de inteligencia aliados, de que el Ejército Rojo se derrumbaría. No obstante, varios comandantes alemanes se empezaron a dar cuenta de que el avance, aunque espectacular, no era todo lo rápido que se había planeado. Además, aunque la Blitzkrieg germana había funcionado, la resistencia soviética, en lugar de derrumbarse a las pocas semanas como lo hizo la polaca en 1939 o la de los aliados occidentales en 1940, se endurecía por momentos.

Tras la victoria de Kiev, Hitler dio finalmente el visto bueno al inicio del avance sobre Moscú: la Operación Tifón. Para ello, se volvió a acudir a las fuerzas acorazadas. Alrededor de una decena de divisiones panzer, considerablemente mermadas debido a los largos meses de combates ininterrumpidos, comandadas por Hoth y por Guderian se prepararon para el asalto a la capital rusa, que debía iniciarse en octubre. Hoth, desde el norte, y Guderian, desde el sur, trataron de tomar la principal ciudad de la URSS en los meses siguientes sin éxito. El invierno ruso, la asombrosa capacidad de la URSS para recuperarse de las perdidas de hombres y material sufridas y la voluntad de resistencia del soldado soviético común obraron el milagro. Los alemanes, que habían perdido aproximadamente una cuarta parte de sus fuerzas desde el inicio de Barbarroja, flaqueaban por primera vez en más de dos años. Los soviéticos comprendieron que estaban jugandose su supervivencia y en noviembre lanzaron a la batalla todo lo que tenían. Numerosas unidades traídas desde Siberia y otras partes de Rusia fueron desplegadas en torno a la capital y, en diciembre, consiguieron lo que ningún ejército había conseguido en los dos años anteriores: detener a los panzer germanos y, a renglón seguido, obligar a retroceder a todo el Ejército Alemán.

Las consecuencias del fracaso de 1941 fueron desastrosas para Alemania. La URSS no había sido derrotada y su capacidad bélica no había sido destruida. La Wehrmacht había sido detenida y se encontraban a la defensiva en todo el frente del Este. Todo ello, unido a la entrada de japoneses y americanos en el conflicto tras el ataque nipón a Pearl Harbor y la declaración de guerra de Hitler a los EEUU, alteró definitivamente el equilibrio global de fuerzas.

En lo que se refiere a las tropas acorazadas, a finales de 1941 se crearon las divisiones 22ª y 23ª, que serían enviadas al año siguiente al frente ruso. Nominalmente, la Panzerwaffe nunca había sido tan fuerte. En realidad, las formaciones ocupadas en el teatro del este habían perdido gran parte de su capacidad de combate, y algunas nunca se recuperarían del todo. Para empeorar más la situación, el Führer hizo responsable a Guderian del fracaso en la toma de Moscú y forzó su destitución. En el que -hasta entonces- era el momento más crítico para el Tercer Reich, las fueras acorazadas se quedaban sin su principal valedor.