domingo, 11 de octubre de 2009

La Batalla de Berlín


Generalmente con este título se suele hacer referencia a la toma de la capital alemana por el Ejército Rojo en 1945, pero lo cierto es que hubo otra “Batalla de Berlín” anterior mediante la cual los aliados occidentales trataron de poner fin a la guerra. Nos estamos refiriendo la campaña de bombardeo que los angloamericanos llevaron a cabo entre noviembre de 1943 y marzo de 1944 sobre la capital germana. Esta “Batalla de Berlín” es poco conocida en comparación con las otras grandes operaciones de bombardeo. De hecho, cuando se habla del bombardeo aliado los primeros nombres en aparecer son los de Dresde o Hamburgo, dos de las ciudades más devastadas por los aparatos americanos y británicos; pero no se suele mencionar a Berlín, cuando lo cierto es que esta ciudad sufrió lo que el historiador Rolf Dieter Müller califica como “La mayor batalla de bombarderos de la historia”

Introducción

“Debe exponerse con toda claridad y franqueza el objetivo de la Ofensiva Combinada de Bombardeos así como el papel reservado dentro de ella al Mando de Bombardeo en virtud de la estrategia acordada por los ejércitos británico y estadounidense. El objetivo es la destrucción de las ciudades alemanas, la muerte de los trabajadores alemanes y la desarticulación de la vida social civilizada en toda Alemania.

Debería subrayarse que la destrucción de edificios, instalaciones públicas, medios de transporte y vidas humanas, la creación de un problema de refugiados de unas proporciones hasta ahora desconocidas y el derrumbe de la moral tanto en el frente patrio como en el frente bélico por medio de unos bombardeos todavía más amplios y violentos constituyeron objetivos asumidos y deliberados de nuestra política de bombardeos. En ningún caso son efectos colaterales de los intentos de destruir fabricas.”
Arthur Harris a Charles Portal (Jefe del Estado Mayor del Aire) el 25 de Octubre de 1943.

Tras la campaña de bombardeos sobre el Ruhr y el raid sobre Hamburgo, el mariscal del aire Arthur Harris, jefe del Bomber Command (mando de bombardeo británico), comenzó a elaborar planes más ambiciosos. El conocido como “Bomber” Harris creía que una serie ininterrumpida de bombardeos sobre la capital germana sería mucho más efectiva que todas las operaciones terrestres que se estaban llevando a cabo contra el Reich, incluyendo la futura operación Overlord. Estimaba, con cierto optimismo, que con 16 grandes ataques sobre Berlín se pondría fin al conflicto. “A nosotros nos supondrá la pérdida de 400 o 500 bombarderos, pero para Alemania significará la pérdida de la guerra” le aseguro a Churchill.

La Batalla de Berlín fue una operación mayoritariamente inglesa a la que los americanos se sumaron tardíamente, solo para llegar a tiempo de ver como eran derrotados los aliados. Debido al carácter británico de la campaña, durante la misma se prestó escasa atención a los objetivos industriales y se planteó como misión principal la destrucción de la capital germana. Diversos historiadores son extremadamente claros en este punto. Rolf Dieter Müller sostiene que “mientras los planificadores de los bombardeos estadounidenses se fijaban en las cifras de producción de las empresas armamentistas alemanas y en las interconexiones económicas, los técnicos de Harris calculaban fríamente como aumentar su capacidad de destrucción. Sus cálculos de proyección no tenían como objetivo el cese de la producción sino la destrucción de ciudades”. El español Fernando Paz añade “la dirección de la ofensiva estuvo en manos británicas desde el principio, de modo que solo fue atacado un objetivo industrial de importancia: la fábrica de FW-190 de Kassel


El Ataque

La noche del 18 de noviembre de 1943 se produjo el primer ataque sobre la capital del Reich. En el trascurso del mismo, 444 aparatos fueron lanzados contra Berlín, perdiéndose solo nueve de ellos. A pesar de que las cifras de pérdidas inglesas fueron notablemente bajas, los daños causados a los germanos fueron igualmente reducidos. El 21 se volvió a producir un ataque, esta vez más limitado, y la noche del 23 los británicos volvieron a preparar un severo golpe lanzando 700 bombarderos sobre la capital germana. En esta ocasión, sí consiguieron causar graves daños a la ciudad, destruyendo gran parte del centro urbano. Sin dejar a los alemanes tiempo para recuperar el aliento, la noche siguiente los anglosajones volvieron a la carga y enviaron 380 bombarderos para que continuasen la labor de sus predecesores. Tras otro pequeño bombardeo, los ingleses dieron por terminada una primera serie de operaciones contra la capital enemiga. Como resultado de esta, 4000 berlineses murieron y 10000 edificios fueron totalmente destruidos. Las perdidas británicas ascendieron a 123 bombarderos. El hecho de que el número de victimas civiles fuese considerablemente reducido si lo comparamos con él de otros bombardeos se debe a los muchos bunkers con los que contaba la capital del Reich. Gracias a ellos, gran parte de la población berlinesa se salvo de las bombas aliadas aunque sus casas no corrieran la misma suerte.

Los ataques continuaron a lo largo de los meses siguientes pero, a pesar de la ingente cantidad de aparatos empleados por los británicos -alrededor de 8000 bombarderos-, las pérdidas germanas no fueron excesivamente elevadas y la moral de la población del Reich no se desmoronó. Aunque los bombardeos causaron problemas a los alemanes estos fueron capaces generalmente de capear el temporal. Por ejemplo, el ministerio de armamento fue alcanzado por las bombas aliadas, pero Speer logró descentralizar las diferentes secciones y continuar con los programas de incremento de la producción bélica. Al finalizar la ofensiva en marzo de 1944, los ingleses habían causado 10.000 muertos a los berlineses, dejando además a un millón y medio de personas sin hogar. Los daños a instalaciones militares o a la capacidad industrial del Reich fueron mínimos. Las pérdidas sufridas por los anglosajones fueron muy elevadas si se atiende a los resultados obtenidos: 495 aviones fueron derribados por la caza y por la defensa antiaérea germana, más de 3000 tripulantes de los bombarderos murieron y alrededor de mil fueron hechos prisioneros.

Tras el fracaso de la RAF, los americanos se suman en marzo a la ofensiva británica lanzando a lo largo del mes una serie de ataques diurnos sobre la capital alemana, pero los resultados globales de la campaña no mejoraron. En su primer raid, el 4 de marzo, los estadounidenses enviaron 504 bombarderos B-17 contra Berlín, pero solo treinta lograron encontrar la ciudad y no causaron daños graves. Dos días después, 627 fortalezas volantes bombardearon la Big B -el nombre dado a Berlín por los tripulantes de los bombarderos americanos- machacando nuevamente la zona. Las pérdidas sufridas por los estadounidenses fueron del 10 por ciento de sus aparatos. El día 8 más de un millar de bombarderos sobrevolaron otra vez la capital del Reich. Los daños causados a las infraestructuras civiles de la ciudad fueron elevados, pero las instalaciones militares permanecieron relativamente intactas. Las bajas de los americanos se incrementaron ligeramente con respecto a los anteriores ataques. Finalmente, el día 22 de los estadounidenses lanzarían su ultimo gran golpe contra Berlín, movilizando más de 600 bombarderos sin conseguir mejor resultado que en las ocasiones precedentes. Las pérdidas americanas alcanzarían de media casi el 12 por ciento de los aparatos enviados contra la ciudad a lo largo del mes de marzo. La cifra es extraordinariamente alta, sobre todo teniendo en cuenta que no se consiguió provocar el esperado derrumbamiento de la capital del Reich y, como consecuencia del mismo, de toda la Alemania nazi.


Conclusiones

La Batalla de Berlín supuso la ejecución de un total de 32 bombardeos sobre la capital del Reich, la mitad de los mismos involucrando más de 400 aviones al mismo tiempo. Como consecuencia de los ataques, la ciudad no fue aniquilada, pero sí resultó dañada en extremo. Sin embargo, estos daños no se tradujeron en una disminución significativa del potencial bélico germano. Las operaciones sobre Berlín, pese a suponer una dura prueba para la defensa antiaérea y la caza de la Luftwaffe, no consiguieron, ni siguiera parcialmente, su objetivo de poner definitivamente de rodillas a la Alemania nazi. La población civil germana, como en gran parte de los bombardeos aliados, fue la gran castigada, mientras que la infraestructura militar del Reich apenas resultó afectada.

Visto con la ventaja que nos da la historia, podemos decir que los aliados cayeron en el mismo error que cometieron los alemanes al centrar sus bombardeos sobre Londres en 1940. La aviación angloamericana trato de buscar la conclusión de la guerra reduciendo Berlín a cenizas, en lugar de centrarse en barrer de los cielos a la Luftwaffe y en destruir las industrias de guerra que alimentaban a la Wehrmacht. El resultado no fue mejor que el conseguido por los germanos tres años antes. La única diferencia fue que los aliados tenían fuerzas de sobra para reponerse de las pérdidas que les causaban los alemanes, mientras que estos nunca pudieron recuperar la posición de preeminencia en lo cielos que ostentaron en el verano y otoño de 1940.

Existen varias semejanzas más con la situación de 1940:

-En 1943 los alemanes habían desarrollado un aparato que, a semejanza del Spitfire británico tres años antes, suponía un formidable enemigo para las flotas de bombarderos: el ME 109G. Este caza desarrollaba velocidades superiores a los 600 Km por hora y ascendía a seis mil metros en seis minutos.

-Las flotas de bombardeo aliadas tenían que atravesar toda Alemania durante su incursión. A lo largo del trayecto eran continuamente atacadas por las instalaciones antiaéreas germanas, que no habían parado de perfeccionarse desde que comenzaron los bombardeos británicos en 1940.

-La caza germana, al operar sobre su territorio -a semejanza de la inglesa en 1940- elegía donde entablar combate con los bombarderos aliados.


El Tercer Reich disponía por aquella época de alrededor de 2500 cazas operativos, una cifra nada extraordinaria si la comparamos con los aparatos que podían desplegar los angloamericanos. De ellos, unos 1650 se encontraban en el teatro occidental, y de estos el 75% se encontraban concentrados en territorio alemán, es decir donde más problemas podían causar al enemigo exponiéndose ellos a los mínimos peligros posibles. No era una fuerza impresionante, cierto; pero su concentración en el lugar oportuno unida a la confluencia de los factores antes mencionados sirvió para provocar considerables destrozos en las formaciones de bombarderos aliadas.

Esto provocó que la Batalla de Berlín concluyese con una derrota para la RAF y la USAAF, derrota ni muy apreciada entonces ni muy recordada posteriormente, pero derrota al fin y al cabo. Los cazas y la defensa antiaérea germana consiguieron abatir un gran número de aparatos enemigos forzando a los aliados a poner fin a sus bombardeos sobre la capital alemana sin llegar siquiera a acercarse en ningún momento a la consecución de su objetivo original: el colapso del Tercer Reich. Como aspecto positivo para los angloamericanos cabe señalar que la moral germana, aún sin desmoronarse, sí resultó dañada. Pese a la propaganda de Göbbels (“nuestros muros se rompen, nuestros corazones no”) los civiles berlineses veían como su ciudad era atacada sin descanso por oleadas de aviones enemigos que, sin llegar por el momento a enseñorearse sobre los cielos alemanes como sí lo harían en menos de un año, parecían inmunes a las pérdidas que les causaban los cazas de la Luftwaffe. Muchos veteranos del frente hacía tiempo que se mostraban escépticos con respecto a la “victoria final”, pero ahora ese escepticismo se empezó a palpar también entre la población civil. Queda a juicio de cada uno, pero posiblemente esta sea una recompensa demasiado baja para los recursos empleados.

En definitiva, la aviación angloamericana se empecinó, con obstinación digna de mejor causa, en reducir a escombros la capital germana, asumiendo los aliados que con ello provocarían el desmoronamiento de la Alemania nazi. Asombra comprobar como cometieron el mismo error en el que habían caído los germanos cuando se empeñaron en bombardear Londres, dando por sentado que así conseguirían la rendición del Imperio Británico. Los alemanes no tuvieron ni oportunidad ni fuerzas para enmendar su error, pero los formidables recursos de los angloamericanos les permitieron replantear la campaña aérea, otorgándole un nuevo enfoque: orientar los bombardeos no solo a la destrucción de las ciudades alemanas sino también como soporte a la gran operación anfibia y subsiguientes operaciones terrestres que emprenderían en Europa occidental en 1944.


Fuentes principales:

“La muerte caía del cielo”
Rolf Dieter Müller
Imago Mundi. 2008

“Europa bajo los escombros”
Fernando Paz
Altera.2008

domingo, 4 de octubre de 2009

Werwolf V

Vamos a terminar hoy la serie de entradas referidas a las guerrillas nazis con el último aspecto de cierta relevancia del movimiento que nos queda por tratar: las actividades del Werwolf en el Este. Para evitar que el blog se haga monótono, dejaremos de momento sin estudiar las operaciones del Werwolf tras la caída del Tercer Reich y volveremos sobre este tema dentro de unas semanas.

Por cierto, bienvenido Taylor.


El Werwolf en el Este

La organización de las guerrillas nazis en los territorios orientales del Reich tiene lugar a partir del otoño de 1944. En ese momento, a pesar de las muchas baladronadas oficiales, se empezó a ver como algo más que posible el hecho de que los rusos acabarían penetrando en Prusia Oriental. La ofensiva rusa en esa zona en octubre vino a reforzar esta creencia. En ese mes, el Ejército Rojo consiguió entrar en territorio alemán por primera vez en la contienda. Las tropas soviéticas arramblaron con todo lo que tenían por delante y entraron en la zona a sangre y fuego, violando a multitud de mujeres alemanas y haciendo prisioneros a un gran número de civiles. La Werhmacht consiguió lanzar una contraofensiva exitosa pocas semanas después, logrando hacer retroceder a los rusos, los cuales solo mantuvieron en su poder una estrecha franja de territorio germano.

Las atrocidades cometidas por los soviéticos trataron de ser explotadas por los alemanes, quienes inmediatamente después de que finalizase la contraofensiva de la Werhmacht llamaron a observadores de la prensa de los países neutrales para que fuesen testigos de las matanzas que habían llevado a cabo los soldados del Ejército Rojo: mujeres crucificadas, civiles colgados, bebes asesinados a golpes... Göbbels también intentó sacar provecho de la situación y se encargó de que la prensa germana redoblase sus ataques contra la conducta brutal de las tropas rusas.

Estos hechos, que a priori deberían haber causado que la población civil germana adoptase una postura favorable al Werwolf, tuvieron como consecuencia un resultado muy distinto. Los civiles, tanto los que habían sido testigos y supervivientes de las atrocidades soviéticas, como los que solo se enteraron de ellas por la prensa, comenzaron a abandonar masivamente la zona y se trasladaron a provincias más occidentales del Reich. Los que se quedaron en el territorio bajo control del Ejército Rojo fueron evacuados inmediatamente por las autoridades rusas, privando de este modo a las guerrillas alemanas del soporte vital que una población civil afecta puede ofrecer.

La Drang nach Westen -marcha hacia el oeste- de la población civil germana se acentuará una vez que los rusos reanuden su ofensiva en enero de 1945, causando nuevamente que el Werwolf no contase con un apoyo civil de importancia en ninguna de las provincias orientales del Reich que iban siendo engullidas por los soviéticos. Estos en cambio, sí que disponían de una herramienta de vital importancia en los combates contra cualquier tipo de tropas irregulares: las divisiones de seguridad. Estas eran unidades especialmente entrenadas para la lucha antipartisana que la URSS había ido perfeccionando desde la guerra civil rusa y que desplegaba en todos los territorios -incluido el soviético- en los que se encontraba con algún indicio de actividad guerrillera.

Las circunstancias antes mencionadas provocaron que la actividad del Werwolf se mantuviese bajo mínimos en el Este. A esto se unía el secretismo con el que los soviéticos se movían en cualquier tipo de operaciones, incluidas las antipartisanas. Este secretismo ha provocado que la documentación existente sobre la reducida actividad guerrillera sea escasa y de difícil acceso.

Teniendo esto en cuenta, vamos a relatar la experiencia de uno de los grupos Werwolf que sí tuvieron un relativo éxito en el hostigamiento a las tropas enemigas en el Este, no en Prusia, sino en Austria, donde los ya descritos factores minimizadores de la actividad guerrillera, aún existiendo, no fueron tan relevantes.


El Jagdkommando de Fred Borth

Borth era un vienes miembro de las Juventudes Hitlerianas que fue reclutado por el Werwolf a la edad de 16 años. En enero de 1945 fue enviado a un campamento en Passau a recibir entrenamiento en la actividad guerrillera. Allí sera entrenado por un comandante de las SS apodado “el Obispo” por haber sido anteriormente un sacerdote ortodoxo. La formación que "el Obispo" daba sus reclutas era extremadamente dura tanto en lo militar (en un ejercicio asfixiaba a sus alumnos hasta que empezaban a perder el conocimiento) como en lo político (mostraba a los reclutas imágenes de las atrocidades cometidas por los soviéticos contra la población civil y de los efectos causados los bombardeos angloamericanos sobre las ciudades alemanas).

Borth termina su entrenamiento a principios de febrero y será devuelto inmediatamente a las Juventudes Hitlerianas, organización con la que combatirá a los rusos en los duros enfrentamientos que tienen lugar en Viena en esos momentos. En abril es de nuevo requerido por el Werwolf donde "el Obispo" le asigna el mando de un Jagdkommando de 65 hombres. El grupo lo formaban un asistente médico, un transmisor de radio y un especialista ucraniano en operaciones antipartisanas, ademas de unos sesenta adolescentes austriacos miembros de las HJ. Como ayuda se le proporcionó un mapa de la zona en el que se detallaba la localización de los depósitos de armas, municiones y provisiones de los que el grupo de Borth se podría servir.

En la noche del 10 al 11 de abril el grupo se desliza por las alcantarillas de la capital austriaca en un intento por infiltrarse tras las líneas soviéticas. Cuando salen a la superficie observan el caos en que se ha convertido Viena y localizan lo que parece un pelotón ruso compuesto por ocho hombres. Cuando se disponen a atacar, se dan cuenta de que los hombres no son soldados del Ejército Rojo, sino miembros del Ejército de Vlasov. Borth comunica el hallazgo por radio y, como respuesta, recibe la orden de unir a los rusos al Jagdkommando. Además, le reclaman que ataque Kritzendorf, donde están concentrados numerosos carros de combate soviéticos. El asalto tendrá lugar en la mañana del 13 de abril y los hombres de Borth conseguirán destruir tres tanques y varios vehículos de distintos tipos. En la acción morirán también varios soldados soviéticos, mientras que los alemanes sufrirán una sola baja.

En los días siguientes la actividad del grupo es reducida, limitándose a realizar algunas patrullas por la zona. A pesar de ello, el Jagdkommando perdió durante dichas patrullas a varios hombres en enfrentamientos con los hombres del Ejército Rojo. La relativa tranquilidad se termina cuando reciben por radio la orden de atacar un puente cercano a la localidad de Tulln. Los alemanes consideran que es una operación suicida, pero los rusos se ponen manos a la obra. Poco después llegó la anulación de la orden, pero para los vlasovistas fue demasiado tarde, pues ya habían abandonado el grupo y se encaminaban al área señalada en las instrucciones recibidas. Se desconoce lo sucedido, pero parece ser que fueron descubiertos por los soviéticos y abatidos antes de alcanzar su objetivo.

El Jagdkommano abandona el lugar y en poco tiempo localiza un convoy soviético de gran tamaño al que tiende una emboscada en los alrededores de Hängendenstein. El golpe de mano salió bien y los alemanes se hacen con una gran cantidad de material bélico.

Tras esto, el grupo se divide en diversas patrullas. Una de ellas, consigue atacar la estación de ferrocarril de Rekawinkel y otra logrará emboscar a un pequeño convoy soviético matando a varios soldados del Ejército Rojo cerca de Alland. En estas acciones el comando sufrirá varias bajas. Pocos Werwolf murieron en los combates, pero bastantes fueron heridos de gravedad y Borth se vio obligado a dejar a varios de estos últimos en manos de algunos lugareños que les ofrecieron ayuda, y a otros en refugios al cuidado del asistente médico del grupo. La mermada agrupación entró nuevamente en combate contra los soviéticos el 23 de abril en el bosque de Kaumberger. En el enfrentamiento murieron otros tres Werwolf más, quedando el comando reducido a apenas una quincena de miembros.

Pocos días después, los hombres de Borth recibieron algunas provisiones y armas lanzadas desde aviones de la Luftwaffe. Tras ello, el 28 de abril inician nuevamente las actividades de reconocimiento y el 1 de mayo lanzan un ataque contra un depósito de combustible del Ejército Rojo localizado cerca de Hainfeld. El golpe tiene éxito, y los Werwolf logran destruir varios barriles de petroleo al tiempo que matan a varios soldados soviéticos y se retiran sin sufrir bajas. Una vez que los guerrilleros alcanzan el punto de reunión Orlov, el ayudante ucraniano, informa a Borth de que el operador de radio ha resultado herido por los disparos de un desertor que se suicidó pocos después. Dado que el equipo de radio ha quedado también inutilizado, Borth decide que ha llegado el momento de que el grupo vuelva a las líneas alemanas.

El camino de vuelta no estuvo exento de dificultades. Algunos lugareños ayudaban a los Werwolf proporcionándoles refugio y comida, pero también se encontraron con una granjera que gritó pidiendo socorro, llamando de este modo la atención de las tropas soviéticas que merodeaban por los alrededores. Los rusos localizaron a los Werwolf y se enzarzaron en un tiroteo con ellos, logrando abatir a dos guerrilleros germanos más. Finalmente, lo poco que quedaba del Jagdkommando original alcanzó las líneas alemanas el 5 de mayo.

Borth se entrevistó con "el Obispo" el día 6, y fue informado por este de que el almirante Dönitz había ordenado el cese de la resistencia. El resultado de las operaciones del Jagdkommando debió ser considerado satisfactorio por los jefes del Werwolf, ya que Prützmann propuso a Borth para la Cruz de los Caballeros, pero el fin de la contienda impidió que este pudiese recibir la condecoración.

Sin hacer demasiado caso a la capitulación germana, Borth continuó vinculado a una célula Werwolf austriaca durante gran parte de 1945, hasta que en septiembre fue desarticulada por la policía de aquel país. Borth fue encarcelado por poco tiempo y, tras salir de prisión, seguiría relacionado con los círculos neonazis de Viena durante las décadas de 1950 y 1960. Como curiosidad cabe destacar el hecho de que Borth mantuvo su interés por las actividades de guerra irregular, colaborando con los servicios secretos austriacos en la organización de la red “Gladio”, una estructura clandestina apoyada por la OTAN creada con el objetivo de combatir a los soviéticos y a las organizaciones comunistas controladas por estos.

Con esto, según lo comentado al principio de la entrada, quedaría por tratar la supervivencia del movimiento Werwolf tras la capitulación germana, pero para que el blog no resulte demasiado aburrido, volveremos con ello en unas semanas. Entretanto, cambiaremos un poco de aires.

Fuente principal:

“Los últimos nazis. El movimiento de Resistencia alemán”
Autor: Perry Biddiscombe
Inédita editores. 2005

Para el Freikorps, véase también:

“Las SS: Instrumento de Terror de Hitler”
Autor: Gordon Williamson
Libsa. 2006

domingo, 27 de septiembre de 2009

Werwolf IV

Lo primero, dar la bienvenida a Alvaro. Y ahora, vamos con la siguiente entrada referida al Werwolf.

El Werwolf en el Oeste II: acciones en territorio controlado por el Reich

Otro de los objetivos principales de la guerrilla Werwolf fue la eliminación de los considerados como elementos derrotistas dentro de las propias filas alemanas cuyo número, a medida que los ejércitos aliados y soviéticos avanzaban hasta el corazón del Reich, estaba aumentando de manera alarmante. Trataremos en esta entrada sobre dos de las acciones del Werwolf llevadas a cabo en el territorio todavía bajo control de la Wehrmacht durante la última semana de la guerra.


Fritz Lotto, asesino de “traidores”

Lotto era un miembro del Partido Nazi -que también formó parte de los Freikorps tras la Primera Guerra Mundial- al que en noviembre de 1944 se le nombró jefe de un comando Werwolf en el noroeste de Alemania. En los primeros meses de 1945, el comando de Lotto se dedicó a realizar una serie de acciones a pequeña escala, destacando en el asesinato de alcaldes nombrados por los aliados para los pequeños pueblos alemanes que iban cayendo en manos de las tropas angloamericanas. Entre otros, se asume como posible que el asesino del alcalde de Kirchlegern fuese un miembro de este comando. Los hombres de Lotto también llevaron a cabo en esos meses una serie de golpes de mano contra las líneas de abastecimiento de las tropas británicas en el territorio del Reich. No obstante, el “día de gloria” de Lotto aún estaba por llegar.

Tras la difusión de la noticia de la muerte de Hitler por radio, Lotto se traslada al norte con la intención de localizar algún elemento del gobierno post-hitler que le pueda ofrecer algún informe oficial detallado acerca de como se ha de comportar la guerrilla Werwolf en esos caóticos días. Por un fallo mecánico en su coche, él y Fuhr -su ayudante- terminan en la ciudad de Wilhelmshaven, donde varios dirigentes nazis se encontraban en ese momento estudiado las posibilidades de defensa del enclave urbano. Será en esta localidad donde Lotto reciba instrucciones de sus superiores en las que se le ordenaba terminar con varios individuos considerados no gratos por las autoridades nazis. Para cumplir con estas órdenes, la noche del 1 de mayo Lotto, acompañado por Fuhr quien hacía de chófer, inicia su ronda de la muerte.

El primer objetivo de Lotto estaba en la misma ciudad de Wilhelmshaven y era el detective Nussbaum, el cual ya había tenido en varias ocasiones encontronazos con la Gestapo, y con quien el propio Lotto había discutido pocas semanas antes, parece ser que debido a que el detective se negó a que uno de sus hombres prestase apoyo a la guerrilla nazi. Lotto llegó al hotel donde se hospedaba Nussbaum y, una vez que consiguió que este le franquease el paso a su habitación, le espetó una afirmación que se había oído hacer al detective pocas jornadas antes:

“pronto llegará la hora de deshacerse de los uniformes y las insignias y pasarse al otro bando”

Nada más escuchar a Lotto, Nussbaum intentó reaccionar sacando su pistola, pero aquel se le adelantó y, ya apuntándole con su arma, le preguntó si tenía alguna última declaración que hacer. El detective intentó disculparse, pero no le sirvió de nada. Lotto le condenó como traidor y le disparo dos veces a bocajarro y una tercera vez cuando el cuerpo de Nussbaum ya estaba en el suelo. Inmediatamente después de cometer el asesinato, Lotto abandonó el hotel corriendo al tiempo que gritaba “el Werwolf estuvo aquí”

Tras esto, Lotto se dirige hacía el lugar en que estaba esperando Fuhr, y le ordena que le lleve a la localidad de Aldenburg donde se encontraba Göken un barbero que imprudentemente había hecho comentarios despectivos acerca de Hitler. Una vez en la localidad, Fuhr, quien conocía al barbero de vista, localiza a Göken que en ese momento se encontraba solo en la calle. Lotto baja del coche y se dirige a su víctima. Aparentando un intentó de trabar una conversación sin importancia, Lotto deja caer un comentario despectivo acerca de las posibilidades reales de defensa de Wilhelmshaven. Göken pica el anzuelo y va más allá, afirmando que él personalmente tiene ganas de ver llegar a los británicos. Esto bastó para que Lotto condenará al desafortunado barbero también como traidor, ejecutandole en el acto mediante dos disparos. Tras el asesinato, y al mismo tiempo que varias personas corrían al lugar para tratar infructuosamente de ayudar a Göken, Lotto se montó en su coche y, junto con Fuhr, desaparecé rápidamente de la zona.

Tras la ejecución de Göken, Fuhr y Lotto se dirigen a Voslapp, lugar donde residía su tercer objetivo: un presunto comunista apellidado Danisch. Como ninguno de los dos conocía a este último, al llegar a la localidad ordenaron a las autoridades nazis locales que les llevasen a la residencia del "traidor". Una vez allí, Lotto llama a la puerta de la casa de su víctima y, debido a que es la mujer de Danisch quien abre la puerta, solicita a esta que le deje hablar con su marido en privado. Danisch acompaña a Lotto al jardín y, sin más ceremonias, este suelta una pregunta fatídica:

“¿es usted comunista?”

“Lo fui”
responde Danisch.

Tras conseguir esta “confesión”, Lotto acusa a Danisch de traidor y, acto seguido, le ejecuta mediante un disparo.

Terminará aquí la noche sangrienta del asesino de "traidores", pero no su trayectoria en la organización Werwolf. Tras cometer los crímenes, pasará nuevamente a ocuparse de los aspectos organizativos de la guerrilla, tratando de asegurar la supervivencia de esta bajo la ocupación aliada. Al poco tiempo fue internado por los británicos, pero estos le pusieron en libertad no mucho después, con el resultado de que Lotto volvió a las andadas involucrándose en las actividades Werwolf de las primeras semanas de la posguerra. En julio los canadienses lanzaron una campaña contra las guerrillas nazis, consiguiendo introducir a Fuhr -el antiguo ayudante de Lotto- como topo en la organización. Finalmente, como resultado de esta operación, los canadienses conseguirán capturar a Lotto cuando este trataba de escapar a Dinamarca.


El Werwolf en Baviera: la masacre de Penzberg

Los nombres de Lidice y Oradour han pasado a la historia como ejemplos de las atrocidades nazis cometidas contra poblaciones extranjeras ocupadas. Lo que es menos conocido es que existen casos de crímenes similares cometidos por los nazis contra la población alemana. Examinemos a continuación el caso de Penzberg. En esta localidad el número de víctimas fue mucho menor que en las dos ciudades antes mencionadas, pero el ejemplo de Penzberg sirve para hacernos una idea de las acciones que desarrollaban los guerrilleros nazis contra su propia gente.

El 28 de abril de 1945, con las tropas aliadas en los arrabales de la zona, el antiguo alcalde socialdemócrata de la localidad, Hans Rummer, se rebeló contra los nazis. Reunió a varios partidarios, los armó con pistolas y pasó a visitar los puntos clave del área: las minas y el campo de prisioneros de guerra; buscando asegurarse el apoyo tanto de los obreros como de los presos. Finalmente se dirigió al ayuntamiento y, una vez allí, no dejó al alcalde nazi de Penzberg -Von Werden- entrar en el edificio, al tiempo que le recomendaba abandonar la ciudad.

La Wehrmacht reaccionó rápidamente y esa misma tarde recuperó el control de Penzberg. Con la localidad ya en manos del ejército, los militares germanos solicitaron instrucciones al Gauletier de la región, Paul Giessler, y este dictaminó que los instigadores de la revuelta debían ser fusilados. Como resultado de esta decisión Rummer y varios de sus compañeros, un total de siete hombres, fueron pasados por las armas el mismo día 28. Pero no todo acabo ahí...

Tras el fusilamiento de Rummer, Giessler ordenó a uno de sus comandantes del Volksturmm, Hans Zöberlein, que se encargara de mantener el orden en la ciudad. Zöberlein, quien al igual que Lotto era un antiguo miembro del Freikorps, formaba parte de una organización conocida asimismo como “Freikorps Adolf Hitler”, unidad pseudo-guerrillera formada en los últimos meses de la guerra y encuadrada en el turbulento movimiento Werwolf. Nada más recibir las ordenes de Giessler reunió un grupo de cien voluntarios y marchó con ellos a Penzberg, donde lo primero que hizo fue elaborar una lista negra de personas consideradas como peligrosas para el régimen que debían ser ejecutadas de inmediato. La misma noche del 28, los hombres de Zöberlein comenzaron su sanguinaria tarea ahorcando a tres ciudadanos de Penzberg y lanzando un ataque contra la zona obrera de la localidad. El ataque fracasó debido a la resistencia de los mineros, lo que obligó a los Werwolf a dirigirse a otros lugares menos defendidos, donde capturaron y ejecutaron a cinco víctimas más, entre las que se encontraba una mujer embarazada de 9 meses.

Ya en la madrugada del día 29, los Werwolf finalmente abandonaron el pueblo, dejando tras de si un reguero de sangre cuyo derramamiento no ayudó en absoluto a la supervivencia del Reich al que los guerrilleros nazis defendían. Prueba de ello es las tropas americanas capturaron el enclave al día siguiente.

Hasta aquí hemos comprobado algunas de las acciones del Werwolf en el Oeste. En términos generales, no pasaron de un puñado de asesinatos -de los que en muchas ocasiones fueron victimas los propios alemanes- que en ningún caso estuvieron cerca de llegar ser obstáculos insalvables para el avance aliado. En la siguiente entrada pasaremos a comprobar la actuación del movimiento guerrillero nazi en el este del Reich, lugar en el cual las guerrillas Werwolf demostraron que, si bien su capacidad de sembrar el terror era elevada, su efectividad bélica seguía siendo prácticamente nula
.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Werwolf III

Antes que nada, dar la bienvenida a Bradi Boddason. Hecho esto, pasemos a la tercera entrada relativa al Werwolf.

Un estudio general del movimiento Werwolf llegaría a la siguiente conclusión: 9 de cada 10 operaciones de esta organización fallaron estrepitosamente. La historia de las guerrillas nazis está plagada de deserciones, golpes de mano fallidos, atentados infructuosos, etc. No obstante, en algunas ocasiones puntuales los guerrilleros alemanes sí consiguieron triunfos, generalmente de poca envergadura, contra las tropas de ocupación aliadas. Aquí expondremos únicamente algunas de estas operaciones coronadas por el éxito. A quien desee explorar con más profundidad las acciones del Werwolf le recomiendo el libro de Perry Bidiscombe “Los últimos nazis” en el cual esta basada, en su mayor parte, esta serie de entradas.

El Werwolf en el Oeste: Acciones tras las lineas enemigas

Golpe a la 44ª División de Infantería Americana


En marzo de 1945, uno de los “Destacamentos de Ataque” desplegados por la Wehrmacht en el oeste de Alemania para llevar a cabo operaciones guerrilleras, fue superado por el avance de las tropas del Séptimo Ejército de EEUU en los alrededores de la localidad de Erbach. En la noche del 16 de abril, el destacamento localiza a un jeep americano en un camino forestal y abre fuego contra él. De los dos ocupantes del vehículo, el mayor Bennet y el capitán Cummins, el primero resulta muerto, y el segundo, tras conseguir responder al fuego alemán, herido y capturado.

Los guerrilleros germanos optan por trasladar al oficial americano a presencia del jefe del destacamento, el capitán Schwaben, quién decide que su grupo no está capacitado para mantener prisioneros. Por ello, ordena a sus hombres que lleven al americano al lugar del tiroteo y que, una vez allí, le asesinen de modo que parezca que resultó muerto en el intercambio inicial de disparos.

Los americanos localizaron los cuerpos al día siguiente y, automáticamente, ordenaron que se peinase la zona en busca de los responsables. Se consiguió capturar a dos soldados alemanes, quienes desvelaron a los americanos la historia, pero no se consiguió localizar a Schwaben ni desarticular el comando.


El asesinato del Alcalde de Kirchlegern

En ocasiones, las acciones del Werwolf eran de una simplicidad absoluta, pero letales igualmente. El caso de Kirchlegern, una pequeña población controlada por las tropas americanas, es un buen ejemplo de esto. El día 9 de abril un joven se acercó al ayuntamiento y solicitó ver al Sr. Peiper, el alcalde de la localidad. Desafortunadamente para este último, el joven consiguió acceder al despacho y, ya en el interior, disparó dos veces al mandatario local. Antes de escapar, dejó una tarjeta con la palabra “traidor” y la inscripción “Werwolf” junto al cuerpo sin vida.

Uno de los sospechosos de llevar a cabo este crimen fue Fritz Lotto, con quien nos toparemos en entradas posteriores.


Operación Carnaval

Pasamos a detallar aquí el que posiblemente sea el asesinato más famoso de la guerrilla Werwolf. No fue ciertamente una operación de envergadura similar a la toma de Eben-Emael, o al rescate de Mussolini, pero tampoco puede despacharse en cuatro líneas.

Aquisgrán fue la primera ciudad alemana de cierta envergadura capturada por los aliados occidentales en su avance. Los americanos, tras una batalla de varias semanas de duración, tomaron el control de la localidad a finales de octubre de 1944. La mayor parte de su población había sido evacuada junto con el gobierno local con anterioridad a la pérdida del enclave, pero un puñado de civiles alemanes permaneció entre los escombros del mismo. Para encargarse de las tareas administrativas relativas a esta población civil que todavía se hallaba en Aquisgrán, los americanos se dispusieron a nombrar un nuevo alcalde tan pronto como la ciudad cayó en sus manos. La persona elegida fue Franz Oppenhoff, un abogado católico y conservador. No obstante, por razones de seguridad, el nombramiento no se hizo público

Ni la policía ni el ejército consiguieron mantener hombre alguno en Aquisgrán camuflado entre los civiles. El Partido Nazi, por el contrario, sí consiguió mantener una mínima estructura que se encargó de recopilar información acerca de los ocupantes aliados y pasarla a las fuerzas alemanas. Sin embargo, a pesar de que los hombres que el NSDAP mantenía en la localidad fueron capaces de averiguar que se estaba formando un nuevo gobierno municipal, no fueron capaces de descubrir los nombres de los integrantes del mismo.

Debido posiblemente a esta falta de capacidad, los rumores comenzaron a extenderse. De entre estos, tomó fuerza el que sostenía que la alcaldía de Aquisgrán había sido aceptada por un judío. Parece ser que la llegada de esta información a Berlín fue suficiente para que Göbbels y Himmler se decidieran a actuar y, dado que ni el Partido ni las SS contaban con medios suficientes para dar un golpe de fuerza en la ciudad, se decidió que había llegado el momento de poner en acción al Werwolf. Se enviaron instrucciones a Karl Guttenberg (el HSSPf en el Oeste) quien, si bien con poco entusiasmo, se dispuso a organizar una operación de comando que tuviese como objetivo el asesinato de Oppenhoff. Pocas semanas después, el propio Himmler se involucró en el asunto, firmando un sentencia de muerte contra Oppenhoff y autorizando a Prutzmann a ejecutar dicha sentencia. Por si fuera poco, amenazó veladamente de muerte al poco entusiasta Guttenberg por la lentitud de los preparativos.

El grupo al que Guttenberg le encargó la misión estaba formado por un subteniente de las SS llamado Herbert Wenzel como líder de la operación; un operador de radio de las Waffen SS apellidado Leitgeb; un explorador de las Juventudes Hitlerianas llamado Erich Morgenschweiss, una mujer de la BdM llamada Ilse Hirsch; y dos guías miembros del Partido Nazi apellidados Hennemann y Heidorn. La operación recibió el nombre en clave de “Karneval” (Carnaval)

Ya en febrero de 1945, con el comando finalmente constituido, la siguiente dificultad radicaba en atravesar las líneas enemigas. Cuando Guttenberg le planteó este obstáculo a Prutzmann, el líder del Werwolf le indicó a su interlocutor que tratase el asunto con la Luftwaffe. A pesar de sus dudas, Guttenberg se encontró con que Pelz, un alto mando de las fuerzas aéreas germanas, estaba dispuesto a poner a su disposición un aeroplano con su correspondiente tripulación. Conseguida la colaboración de la Luftwaffe, los integrantes del comando se trasladaron a la base aérea de Hildesheim, donde se les proporcionaron armas cortas, documentos de identidad falsos y moneda americana. Finalmente, la noche del 19 un B-17 capturado los lleva a su zona de salto localizada en los Países Bajos, ya que se estimaba que en el territorio neerlandés las medidas de seguridad aliadas serían menos estrictas que en las zonas conquistadas de Alemania

El comando aterriza sin grandes problemas, deja pasar 24 horas e inicia su marcha hacía Aquisgrán. En la frontera germano-neerlandesa los alemanes tienen un encontronazo con guardias fronterizos holandeses. Consiguen salir victoriosos del mismo, pero pierden a Hirsch, no porque caiga en el combate, sino porque desaparece durante el mismo. El resto de los integrantes del grupo se dirige sin dilación a Aquisgrán.

El día 22 Wenzel decide realizar su primera incursión en la localidad. Envía a Morgenschweiss y a Leitgeb con la misión de averiguar tanto el nombre del alcalde, que a estas alturas todavía desconocían, como su residencia. Para sorpresa de ambos, una vez dentro de la ciudad se encuentran con la desaparecida Hirsch, quién tras la refriega con la patrulla neerlandesa había sido capaz no solo de llegar a Aquisgrán por sus propios medios, sino también de conseguir la información que los dos enviados de Wenzel iban buscando.

Con dicha información en sus manos, Wenzel decide lanzar la operación el día 24. Leitgeb, Hennemann y él entran en Aquisgrán vestidos con monos de la Luftwaffe y se dirigen al número 251 de la Eupenstrasse donde, según había averiguado Hirsch, reside el alcalde pro-aliado Franz Oppenhoff. Hennemann se queda en retaguardia y los otros dos, alrededor de las 23:00 y tras cortar el cable del teléfono, entran en la casa pero únicamente encuentran a la criada, Elisabeth Gillessen. Ante la irrupción de los dos hombres la sirvienta se asusta, pero se sobrepone y les indica que Oppenhoff no esta en el domicilio. Leitgeb y Wenzel tratan de convencer a la criada de que necesitan ver al alcalde para conseguir unos salvoconductos. Gillessen, aún nerviosa, evita a los dos recién llegados y se escabulle para alcanzar un edificio cercano donde esta pasando la velada el dirigente pro-aliado. Una vez allí, le indica a Oppenhoff que dos hombres están en su casa y quieren verle. Oppenhoff sale acompañado de su anfitrión, Heinrich Faust, y ambos se dirigen al domicilio del primero. Antes de llegar se encuentran a Wenzel y a Leitgeb, quienes les solicitan ayuda alegando ser pilotos alemanes derribados. En ese momento, los acontecimientos se precipitan. Hennemann se une al grupo, pero Wenzel le ordena que vuelva a su posición. Faust desconfía de los recién llegados y retorna a su morada, pero Oppenhoff, aunque indica a los supuestos pilotos que deben entregarse a las autoridades norteamericanas, acepta proporcionarles alimento. Por ello, manda a Gillessen a casa preparar unos bocadillos y, poco después, acompaña a la criada al interior del domicilio. Wenzel y Leitgeb le siguen sin que se de cuenta y, cuando Oppenhoff vuelve a salir de su residencia, le arrinconan en su patio. Wentzel empuña una pistola Walter con silenciador y le apunta, pero parece vacilar. Finalmente, Leitgeb le arrebata el arma a su compañero y le descerraja un tiro en la cabeza a Oppenhoff, quién cae fulminado instantáneamente. Ni Wentzel ni Leitgeb se acordaron de recitar la sentencia de muerte firmada por Himmler, a pesar de haberseles ordenado cumplir con dicha formalidad.

Tras ejecutar al alcalde, los dos alemanes corren a reunirse con Hennemann e inmediatamente emprenden la huida. Durante la misma serán sorprendidos por una patrulla americana enviada a investigar el corte del cable realizado poco antes por los comandos germanos. Los estadounidenses dispararan sobre los alemanes y, a pesar de no conseguir alcanzarlos, sí que provocan que se separen, quedando Leitgeb apartado del grupo.

Entretanto Faust había solicitado a un amigo que fuese a pedir ayuda a una unidad norteamericana estacionada cerca de allí. A consecuencia de este aviso, una patrulla estadounidense peinará los alrededores, pero no dará con los alemanes. Entretanto, hacia la medianoche, un médico dictaminó oficialmente la muerte de Oppenhoff. La esposa de este ya había llegado a esa triste conclusión apenas unos minutos antes, tras ver el cuerpo exánime de su marido en el suelo.

La suerte de los integrantes del comando fue dispar. Leitgeb se reunió con los miembros que no habían participado directamente en la acción pero poco después, mientras marchaban hacia las líneas alemanas, pisó una mina muriendo en el acto. Los demás componentes del grupo que viajaban con Leitgeb también fueron heridos por otra mina, lo que les obligó a quedarse en hospitales locales. El único que logró esquivar estos artefactos fue Heidorn, quién se reunió con Wenzel y Hennemann cerca del Rin. En una casa próxima, posiblemente un refugio preestablecido por la organización Werwolf, los tres se tomaron unos días de descanso hasta que finalmente Hennemann y Heidorn se deciden a cruzar el río, siendo capturados casi inmediatamente después de llegar a la otra orilla. Wentzel decidió permanecer en la orilla oeste del Rin, lo que posiblemente le salvó de caer en manos de los aliados. El resto de los supervivientes del comando serían juzgados en 1949 en un tribunal de la RFA.


Sirvan estos tres casos como muestra de las acciones Werwolf tras las líneas enemigas en el Oeste. Justo es decir que las acciones como la de Erbach y Kirchlegern eran mucho más comunes que la elaborada operación de comando contra el alcalde de Aquisgrán. Y, como ya hemos mencionado al principio, justo es también decir que, incluso en las operaciones más simples, en la mayor parte de los casos el éxito brillo por su ausencia.

En la siguiente entrada pasaremos a los asesinatos de derrotistas dentro del territorio controlado por los alemanes y nos adentraremos también en las acciones Werwolf en el este europeo.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Werwolf II

Saludos a todos, perdón por la espera y bienvenida a Uthegal. Y, sin más dilación, vamos con la segunda entrada dedicada al Werwolf.


No será hasta 1944, momento en el cual varios jerarcas nazis vieron como posible la conquista de Alemania por sus enemigos, cuando el Tercer Reich se decida a organizar una guerrilla con el objetivo de defender el territorio germano de los futuros invasores. En ese año, varias organizaciones de la Alemania nazi comienzan a hacer sus preparativos para los inciertos días que estaban por llegar. Lo que ha pasado a la historia como movimiento Werwolf no fue una organización unitaria y centralizada, sino una multitud de grupos nacidos de esos preparativos. En los último meses del conflicto, los más importantes organismos del Tercer Reich, el NSDAP, las Juventudes Hitlerianas, las SS, etc, intentarían exprimir aún más sus ya mermados recursos con la vista puesta en organizar secciones guerrilleras que dificultasen la, cada vez más previsible, invasión del territorio germano. Como ya venía siendo habitual en otros proyectos, como las Wunderwaffen, los esfuerzos no se coordinaron adecuadamente. Por el contrario, cada organización trato de poner en pie sus guerrillas, no solo sin colaborar con otros organismos, sino incluso actuando en franca oposición a los mismos. Esta ausencia de coordinación fue un factor esencial, en primer lugar, en la falta de cohesión del movimiento Werwolf y, en segundo, en la pobreza de los resultados que obtuvieron las guerrillas nazis.

En esta entrada revisaremos brevemente las diferentes organizaciones que colaboraron en la puesta en marcha de la guerrilla Werwolf y, en la siguiente, expondremos las operaciones más destacadas de la misma. Ya advierto de antemano que por “destacadas” no hemos de esperar aquí grandes golpes de mano o espectaculares acciones de comando, sino simplemente coletazos de una dictadura que, de la mano de sus últimos decididos partidarios -quienes en muchos casos eran apenas unos niños que no habían conocido otra cosa que el régimen de Hitler-, se resistía a desaparecer.


El Werwolf de las SS

La idea de la necesidad de una guerrilla nazi que hostigase a los futuros invasores comenzó a aparecer en las SS a partir de la primavera de 1944. En esos momentos varios miembros de las Waffen SS empiezan a estudiar las técnicas guerrilleras que habían estado empleando los diversos movimientos de resistencia antinazi, principalmente los partisanos del Este europeo. Entre otros eventos de los que poder aprender valiosas lecciones para el futuro, las SS observarán con especial atención el levantamiento de Varsovia.

Aunque las SS eran una organización muy centralizada, tras el verano de 1944 toman la decisión de organizar su movimiento guerrillero de una forma radicalmente contraria. Se pone el acento en la descentralización, haciendo hincapié en la autonomía de las diferentes células locales. Se pretendía lograr de este modo que la desarticulación de una célula no provocase automáticamente la de las demás. Al frente de estas se coloca a los HSSPf regionales (Oficiales de Seguridad de las SS y de la Policía). A estos se les concedió amplia capacidad para organizarse de la manera que estimasen más conveniente, lo cual trajo como consecuencia resultados dispares. Mientras que varios HSSPf lograron reclutar centenares de guerrilleros, otros prácticamente no hicieron nada.

Cada organización local tenía su propio nombre, y parece ser que el término Werwolf no apareció hasta el otoño de 1944 haciendo referencia a las guerrillas alemanas en Prusia Oriental. Este nombre se extendería con rapidez y sería finalmente utilizado como denominación genérica de todo el movimiento guerrillero nazi. Himmler indicó por esa época a varios de sus colaboradores que el término estaba tomado del libro de Löns del que ya hemos hablado en la entrada anterior.

A la cabeza de esta poco homogénea organización se coloca a Adolf Prützmann. Con el objetivo de coordinar las operaciones del movimiento guerrillero se le nombra “Inspector General para el Abwehr especial dependiente del Reichsführer SS”, lo cual le coloca directamente debajo de Himmler y le situá como la máxima figura del Werwolf. Prützmann era un veterano del Freikorps que se unió al Partido Nazi y a las SS en 1930, desempeñando varios cargos de importancia. Entre otros, fue miembro del Reichstag y jefe de policía en Ucrania. En este último cargo conoció a diversos personajes como Erich von dem Bach Zelewski (Jefe de las Unidades Antipartisanas de las SS), que le serían de ayuda en su etapa a la cabeza del Werwolf.

A finales de 1944, el Werwolf de las SS había alcanzado la cifra de 5000 miembros. Mientras duró la guerra, diversas células fueron utilizadas en varias misiones, principalmente de infiltración en las lineas enemigas, pero también de amedrentamiento de los propios civiles alemanes a los que se considerase como derrotistas. Una vez concluida la contienda, a pesar de la descentralización de su organización, el Werwolf de las SS no sobrevivió mucho tiempo a la caída del Tercer Reich. Tras el fin del conflicto, pequeños grupos siguieron realizando actividades de hostigamiento contra las tropas de ocupación y contra los alemanes adeptos a estas, generalmente con resultados muy pobres. Además, el movimiento fue rápidamente descabezado. Prützmann fue capturado por los británicos en mayo de 1945 y se quitó la vida poco después.


El Werwolf de las Juventudes Hitlerianas

Las Juventudes Hitlerianas habían empezado a preparar su movimiento guerrillero con anterioridad a las SS. Parece ser que en 1943 ya se habían iniciado los preparativos -ciertamente modestos- para formar a a varios de los miembros de esta organización como agentes secretos. Gracias a ello, tan pronto como los aliados empezaron a desplegarse en Francia tras el verano de 1944, varios miembros de las HJ preparados para tal fin cruzaron las líneas enemigas con el objetivo de conseguir información sobre los movimientos de tropas angloamericanas en territorio galo.

En el otoño de 1944 Arthur Axmann, el máximo mandatario de las Juventudes Hitlerianas, ordena a varios de sus subalternos, principalmente de la zona occidental del Reich, que inicien los preparativos necesarios para que el Werwolf de las HJ adquiera una mayor envergadura. El objetivo es que las actividades de este no se limiten al reconocimiento, sino que se extiendan a las operaciones guerrilleras propiamente dichas. Asimismo, con el objeto de incrementar la actividad Werwolf, a inicios de 1945 se registran diversos intentos de coordinar el movimiento guerrillero de las SS con su homólogo de las HJ.

Los primeros grupos Werwolf de las HJ en actividades propiamente guerrilleras serán desplegados en el Ruhr occidental en abril de 1945 y, a semejanza del Werwolf de las SS, su efectividad militar no puede sino considerarse reducida.

La diferencia principal entre el Werwolf de las SS y el de las Juventudes Hitlerianas fue que este sí que consiguió sobrevivir, aunque por poco tiempo, a la caída del Tercer Reich. Esto no fue fruto de la casualidad. En marzo de 1945, Axmann y varios de sus lugartenientes se reunieron con Otto Skorzeny -el famoso jefe de los comandos alemanes- con el objetivo de estudiar las maneras de prolongar la resistencia Werwolf tras la caida del Reich. Estas conversaciones dieron sus frutos y el resultado fue que se consiguió mantener el movimiento vivo hasta la primavera de 1946, cuando una ofensiva contraterrorista aliada consiguió poner fin a la, en palabras del historiador Perry Biddiscombe, “última gran red de resistencia planeada, organizada y financiada durante la agonía del Tercer Reich”


El Werwolf de Partido Nazi I: Göbbels

En febrero de 1945, el ministro de propaganda alemán Joseph Göbbels comienza a elaborar los planes para poner en marcha en Berlín la emisora Radio Werwolf. La idea era dar un respaldo moral e ideológico a las actividades del movimiento guerrillero, principalmente a aquellas que se realizaban tras las líneas enemigas, bien contra los colaboracionistas, bien contra las propias tropas de ocupación.

Radio Werwolf inicia sus emisiones el 1 de abril, cuando ya era evidente el derrumbe de los ejércitos alemanes. La emisora, en un intento de fomentar una resistencia fanática en el movimiento guerrillero, se dedicará a enumerar los crímenes cometidos por los ocupantes y a proferir amenazas contra los colaboracionistas. Radio Werwolf no solo culpaba a los civiles alemanes por su poco espíritu de resistencia. También acusaba en sus emisiones a los miembros del Partido Nazi que abandonaban sus puestos y a los oficiales que malgastaban los escasos medios de transporte disponibles en trasladar, no material bélico, sino sus efectos personales. El caso de Breslau -uno de los asedios más brutales de la guerra- se airea como un ejemplo de resistencia a ultranza que deben seguir el resto de poblaciones alemanas.

Pese a todas sus baladronadas, Radio Werwolf no fue capaz de resistir tampoco el avance enemigo. La emisora cerró definitivamente sus micrófonos menos de un mes después de su aparición, el 23 de abril, cuando fue tomada por las tropas soviéticas que se aproximaban a Berlín.

El Werwolf del Partido Nazi II: Bormann

Tras el fracaso de la Contraofensiva de las Ardenas, el ulterior avance aliado hace que Bormann tome finalmente conciencia de la desastrosa situación en los frentes de batalla. En el este, a pesar de retroceder, las tropas alemanas siguen ofreciendo resistencia; pero en el oeste la situación es radicalmente distinta. Los ejércitos germanos en occidente dejan paulatinamente de combatir a lo largo de la primavera, y la actuación de los civiles para con las tropas ocupantes no es, al menos generalmente, hostil.

En este contexto, Bormann toma -cierto que con poca convicción- una serie de medidas encaminadas a aportar su granito de arena al movimiento Werwolf, seleccionando a hombres provenientes del Volksturmm y de la Wehrmacht para ponerse al frente de la rama de la guerrilla dependiente del NSDAP. Se intentó requerir a los Gauletier de las diferentes regiones alemanas que contribuyesen a la organizaron de las guerrillas mediante la puesta a disposición del Werwolf de hombres y material pero el resultado, como en las otras ramas del movimiento, fue desigual. De hecho, en la mayoría de los casos fue incluso peor. No obstante, se consiguió que algunas regiones aportasen operadores de radio, equipos de demolición y grupos de saboteadores.

El Wewolf de la Policía Secreta

A medida que el movimiento Werwolf iba tomando forma, el Jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich, Ernst Kaltenbrunner, comenzó a interesarse por la idea. Desde marzo de 1945, la policía secreta comienza a realizar sus propias actividades en el marco de las operaciones Werwolf, en concreto con la finalidad de ofrecer un servicio de inteligencia a la guerrilla. Los grupos comenzaron a organizarse en abril con resultados incluso más pobres de lo habitual. En la mayor parte de las regiones esta rama del movimiento apenas consiguió un par de decenas de miembros.

La intención inicial de convertir a los miembros de está sección del Werwolf en equipos de inteligencia fue rápidamente modificada. El agravamiento de la situación fuerza a las autoridades nazis a convertir estos grupos en comandos polivalentes que no solo presten servicios de inteligencia, sino que además puedan llevar a cabo misiones de sabotaje y asesinato. El alto grado de improvisación provocó que el fracaso de estos grupos fuera estrepitoso. No lograrían sobrevivir al final de la guerra.

El Werwolf de la Wehrmacht

Las fuerzas armadas alemanas comenzaron a organizar sus guerrillas en 1944 con escepticismo, pero con más profesionalidad que las organizaciones nazis. Ya en otoño comienza a agruparse a hombres de la Wehrmacht en una serie de “destacamentos de ataque”, los cuales no eran sino el equivalente del Ejército a los grupos Werwolf de las SS. A pesar de provenir de la Wehrmacht y no de otras organizaciones propiamente nazis, también se hacía hincapié en que los hombres que formasen estos grupos estuviesen imbuidos de la ideología nacionalsocialista.

La manera de crear estos destacamentos era sencilla. Se impartían cursos periódicos a grupos de 150 hombres en los Montes Cárpatos. Estos hombres debían volver a sus unidades y organizar los ya mencionados “destacamentos de ataque”con miembros de esas mismas unidades. El tamaño de cada comando debía ser similar al de un pelotón. El objetivo era hostigar a los ejércitos aliados y soviéticos una vez que estos hubiesen penetrado en el territorio alemán. Por ello, estos destacamentos no pasaron a la acción hasta bien entrado 1945. En teoría, deberían coordinar sus acciones tanto entre ellos como con las otras ramas del movimiento Werwolf, pero en la práctica la cooperación fue escasa. Esto provocó que numerosos destacamentos fuesen lanzados tras las líneas enemigas sin ningún plan de acción digno de tal nombre, por lo que su efectividad fue reducida.

Por último, señalaremos que estos destacamentos no usaron oficialmente el nombre "Werwolf" por lo que, siendo puristas, quizá no deberíamos considerarlos como tales.


El Werwolf de la Luftwaffe

Es ampliamente conocido el hecho de que, al final de la guerra, la desesperación y el fanatismo empujaron a la Luftwaffe a organizar sus propias misiones suicidas, a semejanza de los kamikazes japoneses. Lo que es menos conocido es el hecho de que al menos una de esas acciones llevó el sello Werwolf.

La Luftwaffe había empezado a estudiar eventuales misiones suicidas ya en 1944. En esta época ya era conocida la poca precisión de la que hacían gala las bombas V-1, y se elaboraron planes para entrenar a aviadores voluntarios con el objetivo de que pilotasen estos proyectiles. El proyecto, posiblemente a instancia del propio Hitler, no se llevó a la práctica.

Sería también en 1944 (aunque las operaciones no empezarían hasta el año siguiente ) cuando se crearon los primeros “escuadrones de choque”, en los que se enrolaba a pilotos con el objetivo de realizar ataques suicidas contra aeroplanos y objetivos enemigos en tierra. El Kommando Elba, uno de estos “escuadrones de choque”, fue rebautizado como Werwolf en marzo de 1945, poco antes de ser puesto en acción. El 7 de abril esta unidad, 183 Me 109 escoltados por 55 Me 262, fue lanzada a una misión kamikaze contra una enorme flota de bombardeo americana. Los aliados afirmaron haber perdido 21 aparatos, mientras que los alemanes sostuvieron haber derribado 60. En cualquier caso, dado que los germanos sufrieron 77 bajas, el resultado fue considerado decepcionante incluso por ellos mismos.

domingo, 23 de agosto de 2009

Werwolf I


Lo primero, dar la bienvenida a Sila, quien está elaborando un blog sobre la Segunda Guerra Mundial:

muy recomendable.

Además, su nombre nos viene al pelo para dar una introducción adecuada a la siguiente serie de entradas. Sila fue un dictador romano del siglo I a.C perteneciente a lo que hoy llamaríamos el partido conservador. Accedió al gobierno tras una época convulsa caracterizada por revueltas sociales y fue el cabecilla de una “restauración aristocrática”. Llegó a disfrutar de un poder absoluto y, justo en la cima de su popularidad, cuando consideró que su obra estaba concluida, abandonó voluntariamente la política. Se cuenta que el día que anunció su retiro de la vida pública salió del Senado y se fue tranquilamente a su casa acompañado por sus amigos. En el camino, mientras la multitud observaba incrédula y en silencio, un ciudadano comenzó a insultar a voz en grito al ya ex-mandatario. En ese momento, los partidarios de Sila -que eran muchos- se volvieron con la intención de linchar al vocinglero. El increpado, sin prestar atención, indicó a sus amigos que dejaran a aquel en paz, al tiempo que decía:

“ese pobre imbécil no sabe lo que ha hecho. A partir de ahora, ningún dictador abandonará voluntariamente su puesto”

Y de un dictador que deja por su propio pie el sillón, pasamos a una dictadura que se resiste a desaparecer. Empecemos, como siempre, por el principio, que en este caso se sitúa un siglo después de la época de Sila.

El origen de las guerrillas alemanas

En el año 9 d.C, tres legiones romanas comandadas por Varo son derrotadas -en lo que hoy es el noroeste de Alemania- en una emboscada organizada por una coalición de guerreros germánicos dirigida por un líder de la tribu de los Queruscos conocido como Arminio. La batalla no es una de las más importantes de la antigüedad, pero su relevancia -y la de Arminio, rebautizado posteriormente como Hermann- será inflada por los autores alemanes a partir del siglo XVII, en el momento en que los estados germanos comienzan a adquirir importancia en el teatro europeo. La victoria de Arminio pasa a ser considerada como uno de los orígenes de la nación alemana y, entre finales del XVII y la Primera Guerra Mundial, se escribirán 76 operas en honor del caudillo querusco. Cuando en el XIX comienza el proceso de unificación alemana, la figura de Arminio cobra aún más relevancia y en 1841 se inicia la construcción de un monumento en su memoria. Este se situará en una zona conocida como “El Bosque de Teutoburgo”, en la localidad de Detmold, donde supuestamente tuvo lugar la derrota romana. La construcción, una estatua de cobre de 28 metros de altura, será finalizada en 1875, una vez que la unificación del Reich sea ya un hecho. Como dato curioso, hoy día los historiadores suelen afirmar que la batalla no tuvo lugar en la zona en la que se levanta la estatua sino varios kilómetros más al norte, en Osnabrück

La figura de Arminio despertó una gran atracción en numerosos escritores alemanes, quienes utilizaron el personaje para justificar las técnicas de guerra irregular que tuvieron que utilizar sus compatriotas con el fin de enfrentarse a los numerosos ejércitos extranjeros que atravesaban continuamente el mosaico de pequeños estados germánicos en que se dividía Centroeuropa. Estos escritos aparecerían ya en el siglo XVII, pero no alcanzarían relevancia hasta el XVIII y el XIX, cuando autores como Kleist hagan referencia a la victoria de Arminio y la encuadren en el marco más general de la defensa germana contra a la tiranía latina, frente a la que era lícito recurrir a técnicas guerrilleras. Kleist y otros escritores incluían en sus obras otras referencias históricas, por ejemplo mencionando elogiosamente a los Vehme, o tribunales germánicos medievales, que impartían la justicia popular cuando la autoridad de los gobernantes desaparecía en alguno de los frecuentes periodos convulsos que salpicaron la historia de los diferentes estados alemanes. El interés por estos temas aumenta en la época napoleónica, cuando la mayor parte de los territorios germánicos caen bajo el dominio del Gran Corso. En estos momentos, surgirán varios autores que recurrirán nuevamente a la figura de Arminio para sostener que, frente a la invasión francesa, los alemanes deben continuar luchando contra Napoleón incluso cuando las estructuras estatales y los ejércitos convencionales se desvanecen.

Una vez que la amenaza de los ejércitos franceses se desvanece, decrece el interés por este tipo de figuras históricas y, asimismo, desaparecen los grupos de guerrilleros alemanes. De hecho, el proceso de unificación del Reich iniciado con posterioridad a la época napoleónica se basó mucho más en factores prosaicos (una unión aduanera y el poderío del ejército prusiano) que en una lucha guerrillera protagonizada los pueblos germánicos frente a un enemigo exterior.

Los Freikorps

Desde la aparición del moderno estado alemán en 1871 hasta la terminación de la Primera Guerra Mundial en 1918, en la postura oficial de este país no asoma ningún tipo de apoyo a la formación de algo parecido a un movimiento guerrillero. Por el contrario, todo el protagonismo de las operaciones bélicas lo asumirá el poderoso ejército imperial. No será hasta el derrumbamiento del Segundo Reich cuando, tras la derrota germana en la Gran Guerra, comiencen a aparecer los primeros grupos guerrilleros alemanes modernos: los Freikorps.

Una de las imposiciones aliadas a Alemania tras la PGM consistía en que su ejército había de ser reducido en extremo. Debido a esa exigencia, el número de efectivos se limitó a solo 100.000 hombres, a los que se encargaban únicamente tareas defensivas y de mantenimiento del orden en el interior del territorio germano. Esto provocó el desencanto de millares de excombatientes que, forzosamente separados del servicio militar, se agruparon en torno a antiguos oficiales, también veteranos de la Gran Guerra, en grupos de voluntarios que tomaron el nombre de Freikorps. En la convulsa Alemania de posguerra, y ante la limitada capacidad del Reichswehr (las Fuerzas Armadas de la República de Weimar), estos Freikorps fueron utilizados para, en colaboración con el ejército regular, sofocar violentamente las revueltas de trabajadores de inspiración comunista del año 1919 y para acabar con un intento polaco de invasión de Silesia a finales de la decada.

El comportamiento de estas unidades era desmedidamente agresivo pero, debido a la debilidad del ejército regular, el gobierno alemán de la época, de signo socialista, se vio obligado a apoyarse en ellos -como fuerzas militares auxiliares- para hacer frente a los frecuentes levantamientos obreros. Esto fue un arma de doble filo ya que, si bien los Freikorps cumplían las tareas que se les encomendaban con notable efectividad, también es cierto que durante las mismas se excedían constantemente en el uso de la fuerza, acabando con la vida de un gran número de trabajadores. Como consecuencia de estas matanzas, el gobierno socialista no aumentó precisamente su número de adeptos entre el proletariado germano.

Por otra parte, el hecho de que los Freikorps colaboraran con el gobierno no significaba que le fuesen leales. Los Freikorps apoyaban a las tropas gubernamentales en aquellos aspectos que favorecían sus propios intereses, ya fuese la lucha contra los comunistas, ya fuese la defensa de las fronteras alemanas; pero en ningún caso llegaron a ser una organización integrada, ni siquiera ligeramente, en la estructura gubernamental de la República de Weimar.

En cuanto a la organización interna, los Freikorps seguían un esquema simple: los soldados se agrupaban en torno a los oficiales, a los que debían lealtad, pero no eran parte de una estructura superior que agrupase a los diferentes Freikorps, ya que esa estructura simplemente no existía. Los oficiales podían tener contactos con otros mandos, bien por que se conocieran desde la guerra, bien por cualesquiera otras circunstancias, y esos contactos podían fomentar la colaboración entre determinados Freikorps. Pero también era posible que en otros casos la cooperación entre diferentes Freikorps fuese reducida o nula. Se estima que llegó a haber unos doscientos Freikorps, pero la composición de los mismos no era homogénea. Algunos llegaron a alcanzar el tamaño de una brigada y otros apenas pasaron de unos centenares de hombres.

Las SA

En 1922 Hitler es nombrado jefe del NSDAP. En aquella época, las reuniones políticas frecuentemente degeneraban en enfrentamientos armados entre los miembros del partido nazi y miembros de las formaciones opositoras que acudían con la intención de sabotear dichos encuentros. Esto lleva a los mandos nazis a crear las Sturmabteilung (SA) las cuales, al mando de Röhm, nacieron con el objetivo de proteger a los lideres del NSDAP en las reuniones del partido. Las SA atraen a muchos elementos de los Freikorps, los cuales para esa época ya habían comenzado a perder importancia. El hecho de que muchos hombres de las SA procediesen de los Freikorps marcó sobremanera el carácter de esta organización. Los miembros de las diferentes secciones eran leales a su jefe de sección, pero no necesariamente leales a Hitler. De hecho, cuando Ehrhardt -uno de los lideres más conocidos de los Freikorps- rompe políticamente con Hitler dada la negativa de este a apoyar una declaración de guerra a Francia en 1923, varios miembros de las SA abandonarán la organización junto a él.

Los roces entre las SA y la cúpula del partido nazi serán constantes a lo largo de la historia de ambas organizaciones. Göring era el líder de iure de las SA, y su lealtad a Hitler era incuestionable; pero Röhm, el jefe de facto de esta organización, era mucho más critico con el máximo mandatario del NSDAP. Por ello, el político austriaco se decide a crear una guardia personal que le deba fidelidad única y exclusivamente a él, y no al NSDAP, a las SA o a cualquier otra organización o idea. Con este objetivo nacen las SS en 1925. Las SS mantuvieron una constante lucha con las SA a lo largo de una década; lucha que terminó con la derrota de estas últimas tras el asesinato de Röhm en 1934 durante la “noche de los cuchillos largos”. Desaparecía así, en el inicio mismo del Tercer Reich, cualquier rastro de un movimiento asimilable, aunque fuese minimamente, a una guerrilla autónoma con respecto a la estructura del estado y del ejército. La Wehrmacht y las Waffen SS asumirán todo el protagonismo militar a lo largo de la mayor parte de la vida del Tercer Reich. Pero la situación comenzará a cambiar en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.

El nacimiento del término "Werwolf"

En 1914, el periodista y escritor alemán Hermann Löns publica su libro Wehrwolf en el que, de forma novelada, narra la historia de las guerrillas campesinas que habían defendido el territorio germano durante la guerra de los treinta años. La novela tuvo éxito en el periodo de entreguerras, llegando a alcanzar la cifra de medio millón de ejemplares vendidos en 1940 y convirtiendo la palabra Wehrwolf en un término conocido en la época. La utilidad de dicho término radicaba en el hecho de que evocaba unos sentimientos de resistencia patriótica frente al invasor; sentimientos que, dado el derrumbamiento de los ejércitos germanos en 1944 y la consiguiente aproximación de los aliados y los soviéticos al territorio alemán, los nazis estaban ansiosos por explotar. Es en este contexto cuando el agonizante Tercer Reich lanza una de sus últimas cartas al tablero de juego: la guerrilla Werwolf o, en español, Hombre Lobo.

Para terminar esta entrada, haremos una breve aclaración sobre el término que vamos a utilizar en los siguientes artículos para referirnos a está organización. Los diferentes autores suelen emplear varios, entre los que destacan:

Wehrwolf: es el término clásico utilizado por Löns. Hace hincapié en la defensa (Wehr)
Werewolf: término utilizado en gran parte de la bibliografía. Proviene del inglés y significa licántropo u hombre lobo.
Werwolf: en aleman, hombre lobo. Nombre oficial dado por el Tercer Reich a la organización.

Dado que este último fue el término utilizado por las autoridades nazis para bautizar a esta organización, será el que usemos de aquí en adelante.
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Me temo que, por falta de tiempo, no voy a poder actualizar el blog en las próximas dos o tres semanas. Intentaré sacar alguna entrada breve, pero los artículos largos como los últimos van a tener que esperar hasta septiembre.

Saludos a todos.

Blibiografía


Aquí se incluye el listado de todos los libros de los que se han tomado datos para la elaboración de esta bitácora.

Esta lista se actualizará con las obras que se empleen en los futuros artículos. Asimismo, citaré al final de cada entrada (o serie de entradas) los textos utilizados como fuente principal de la misma.

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Afrika Korps. Paul Carell. Inédita 2007
Atlas de la Segunda Guerra Mundial. David Jordan y Andrew Wiest. Libsa 2005
Berlin. La caida: 1945. Antony Beevor. Crítica 2005
División alemana Panzer 1939-1945. Jorge Rosado y Chris Bishop. Libsa 2008
El deber de un soldado. Konstantin Rokossovski. Inédita 2007
Enigmas y Misterios de la Segunda Guerra Mudial. Jesús Hernández. Nowtilus 2005
Europa bajo los escombros. Fernando Paz. Altera 2008
Europa en guerra 1939-1945. Norman Davies. Planeta 2008
Hitler sus generales. Helmut Heiber. Crítica 2005
I Guerra Mundial día a día. Ian Westwell. Libsa 2006
Infantería alemana en la II Guerra Mundial. Chris Bishop. Libsa 2009
Invasión 1944. Hans Speidel. Inédita 2009
La caida de los dioses. David Solar. La esfera de los libros 2005
La corte del Zar Rojo. Simon Sebag Montefiore. Crítica 2004
La guerra naval en el Atlántico. Luis de la Sierra. Juventud 1974
La guerra naval en el Mediterraneo. Luis de la Sierra. Juventud 1976
La muerte caía del cielo. Rolf-Dieter Müller. Destino 2004
Las SS: Instrumento de terror de Hitler. Gordon Williamson. Libsa 2006
Locos egregios. Juan Antonio Vallejo-Nagéra. Planeta de Agostini 1996
Los mitos del nacionalismo vasco. José Díaz Herrera. Planeta 2005
Los últimos nazis. Perry Bidiscombe. Inédita 2005
Panzer Commander. Hans von Luck. Tempus 2008
Recuerdos de un soldado. Heinz Guderian. Inedita 2007
Rommel. El zorro del desierto. David Fraser. La esfera de los libros 2004
Stalingrado. Antony Beevor. Crítica. 2005
Tierra Calcinada. Paul Carell. Inédita 2007
Victorias frustradas. Erich von Manstein. Inédita 2007